En un interrogatorio al jeque Jalid Mohamed, acusado de ser el cerebro de los ataques del 11 de setiembre, se lo amenazó con matar a sus hijos si había nuevos atentados a EE.UU.
Otro sospechoso, Abd al Nashiri, fue vendado, esposado y amenazado con una pistola descargada (simulacro de ejecución) y una perforadora eléctrica.
Un agente pinzó la arteria carótida de un detenido hasta que comenzó a desmayarse, para luego despertarlo con sacudones.
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