21 de noviembre 2017 - 00:00

Testa: el genio de un artista lúcido y sensible como pocos

Su única hija Joaquina contó cómo se sentía tener un padre como Testa. “Para algunos era un monstruo y para mí era un papá normal”.

Libro. Los ensayos críticos de Laura Batkis y Rodrigo Alonso indagan una obra poderosa.
Libro. Los ensayos críticos de Laura Batkis y Rodrigo Alonso indagan una obra poderosa.
La semana pasada, en la bella sede del Fondo de las Artes se presentó un libro tan breve como imprescindible: "Clorindo Testa. Pintor". Los ensayos críticos de Laura Batkis y Rodrigo Alonso indagan una obra poderosa, cargada de intencionalidad, cuya verdadera dimensión todavía no se conoce. El libro brinda, sin embargo, valiosas pistas para ingresar en el universo de Testa, mientras el Museo Nacional de Bellas Artes prepara la merecida y esperada gran muestra para el segundo semestre del año próximo. Si el proyecto llegara a buen puerto con un curador capaz y perceptivo, el público podría descubrir entonces el genio de un artista lúcido y sensible como pocos.

Testa tenía apenas unos meses cuando llegó a la Argentina, había nacido en Nápoles en 1923. Ganó fama internacional como arquitecto con obras cumbre como el Banco de Londres, el Hospital Naval, la Biblioteca Nacional y las sucesivas remodelaciones del Centro Cultural Recoleta. Con su doble vida de arquitecto y pintor, pronto se convirtió en una figura frecuente y amigable de la escena artística porteña que frecuentó hasta su muerte, a los 89 años. Rodrigo Alonso señala que Testa ya era una "reconocida personalidad" cuando se unió al Grupo CAyC, en la década del 70. Antes había ganado el Premio de Pintura del Instituto Di Tella y participado en dos bienales de Venecia.

Laura Batkis analiza la modalidad reflexiva de Testa y los procesos creativos de una obra que procuró activar el pensamiento de la gente. En las imágenes del libro aparecen series memorables. "Habitar, Circular, Trabajar, Recrearse", pone en imágenes al habitante de un suburbio que, como él mismo observa, "jugaba a la pelota en la calle y vivía en una casa de barrio con fondo, parral y gallinas. Veintidós años después vivía en un monobloque, viajaba parado en el colectivo, almorzaba en un bar, atendía una cola en la oficina y miraba televisión a la noche".

Testa sufre ante el dolor del hombre y lo expresa con una sinceridad lapidaria, del modo más directo y en ocasiones "brutal", para usar el término que denomina su estilo arquitectónico: brutalismo. Entre las ilustraciones del flamante libro figuran varios rostros de perfil en posición yacente, con las bocas abiertas, como si emitieran un grito. El diálogo está escrito a la manera de los comics. Uno de estos perfiles dice "Estoy vivo"; el otro dice "Estoy muerto". Pintado con tosquedad, hay un personaje que grita "Me voy a casa" y su mensaje está envuelto en una nube oscura.

Su obra resulta siempre sorprendente. En 1994, cuando en el Museo Nacional de Bellas Artes se atajaban las goteras por las filtraciones, presentó "Apuntalamiento", obra que algunos interpretaron como un soporte real, de vigas de madera, para que el techo no se desplomara. Lejos de ser tan literal, la acción ponía en evidencia con ácido humor la decadencia de las instituciones culturales. En el 2000 cuando no existían los cartoneros presentó, también en el MNBA, una casa de cartón corrugado que hacía referencia al crecimiento de la Villa 31 que resultaría imparable.

Estudioso de la historia, Testa supo mirar hacia atrás y encontró el modo de activar el tiempo, recreó las imágenes del pasado para hablar de las cuestiones fundamentales del hombre del presente. Los dibujos dedicados a "La peste en Ceppaloni" (con sus ratas) hablan de la degradación social; mientras las instalaciones de "Recordando la fiebre amarilla", representan los inocultables muertos de la dictadura, expuestos en plena dictadura. Las bocas de Clorindo Testa no se cierran, sus mensajes no se acallan.

La resolución suelta y veloz de la pincelada le otorga frescura a una pintura única e inconfundible, que, según él mismo escribió, llegaba a la tela después de haber sido pensada y analizada durante un largo tiempo. "Esto tal vez sea producto de mi constante autocrítica", concluye en sus escritos.

Durante la presentación, su única hija Joaquina contó cómo se sentía tener un padre como Testa. "Para algunos era un monstruo y para mí era un papá normal", se sinceró. Laura Batkis profundizó el papel especial que jugaba la historia como una disciplina más del proceso creativo, y contó algunas bellas anécdotas de una exposición en el Cabildo de Córdoba. Edgardo Giménez trazó un perfil del personaje y citó sus frases brillantes. Allí estaban Teresa Testa, su mujer, el operador cultural Julio Suaya, que hoy colabora con la familia para crear una Fundación que mantenga vigente la obra y el pensamiento de Clorindo Testa; Nelly Di Tella, Inés Etchebarne, Magdalena Ruiz Guiñazú, Dolores Morita, Eloísa Sánchez Amillategui, Juan Suaya, Clari Cristal, Magdalena Faillace, José Ignacio Miguens y, entre otros, Patricia Miani.

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