14 de febrero 2014 - 00:00

Tiempista, Urribarri avisa que juega por la sucesión

- "Scioli quiere quedar bien con EE.UU. y viaja a Nueva York. Por eso yo ahora me voy a China...". Con picardía, Sergio Urribarri carcajeó con su propio chiste. Alcaldes y ministros entrerrianos lo emularon. En el lujoso Maram Suites & Towers de Paraná, el cacique entrerriano acababa de anticipar a un puñado grande de dirigentes del PJ de Entre Ríos su decisión de lanzarse como presidencial.

"Voy a competir en las primarias: mi nombre va a estar en las boletas de las PASO de 2015", detalló Urribarri, para subirse a un ring donde, explícitamente, hasta ahora sólo se trepó Daniel Scioli.

La ironía posterior -una parábola simpática sobre el bilateralismo peronista- remite a la minigira que el bonaerense hizo por Nueva York y al viaje que Urribarri hará a China el 27 de febrero con el previsible menú de seducir a inversores.

El recurso de antagonizar con Scioli -que estrenó en 2013- es una táctica para germinar en la grilla presidencial de 2015 y constituye, para Urribarri, una clave de su aventura: alumbrar como la oferta del peronismo K para la sucesión de Cristina de Kirchner en un claroscuro con el bonaerense.

El miércoles Urribarri anticipó sus pasos a una ristra de dirigentes del PJ entrerriano, entre ellos la intendente de Paraná, Blanca Osuna; Gustavo Bordet (Concordia) y Juan José Bahillo, de Gualeguaychú. Del elenco de intendentes peronista sólo faltó Adrián Fuertes, de Villaguay, único alcalde de Entre Ríos que fugó al massismo, ahora en un tironeo por la franquicia del Frente Renovador (FR) con Jorge Busti.

Posiciones

En el TEG del peronsimo para 2015, Urribarri sufrió un retroceso con la entronización de Jorge Capitanich como jefe de Gabinete, cargo con el que fantaseó y que, se asegura, alguna vez le prometió Carlos Zannini.

La juntada que armó el miércoles pasado, el anuncio privado de su decisión de ser candidato presidencial -para los suyos no es nuevo: hace tiempo que les dijo que será candidato- y el guiño para dejarlo trascender, son piezas de un puzzle donde el viaje a Cuba junto a Cristina de Kirchner -fue el único gobernador invitado- tiene peso central.

Su lanzamiento informal, mediático, responde a un cálculo de los tiempos y las oportunidades. En el entorno de Urribarri entienden que la figura de Capitanich sufrió un fuerte deterioro en estos pocos meses de gestión, lo cual lo reposiciona como el gobernador kirchenrista con mejores perspectivas para 2015.

Los tropiezos del chaqueño desde la crisis policial al reciente zigzageo con Marcelo Tinelli con Fútbol para Todos (FPT) alientan esa tesis. En 2009 Urribarri jugó un paso silencioso pero primordial en la decisión motorizada por Néstor Kirchner para quitarle el monopolio de las trasminisiones de fútbol a TyC y a Clarín.

Amigo de Julio Grondona, Urribarri fue un correo sigiloso entre Kirchner y el patriarca de la AFA para tejer los vínculos que derivaron, luego, en la "estatización" de la televisación del fúbtol. Una reforma frustrada en ese programa marcó la última mala hora de Capitanich.

Protocolo 2015


En el juego de posiciones, Capitanich y Urribarri forcejean por convertirse en el nombre que exprese al cristinismo en una futura, por ahora previsible, interna grande donde enfrente esté parado Scioli.

Urribarri tiene, así y todo, un plan más pretencioso. En Paraná dicen que habló con Cristina sobre una especie de "concertación peronista" donde, a partir de un corpus de medidas y principios "populares y democráticos", el oficialismo podría abrir la puerta para que en la disputa presidencial entren todos los dirigentes del PJ que adhieran a ese protocolo.

Es la versión sofisticada de lo que plantean, con modestos matices, Scioli y Capitanich en relación con la necesidad de ampliar el espectro peronista aliado porque con el voto duro del FpV no es suficiente, sobre todo con un PJ dividido, para garantizar una victoria.

Hasta ahora, el espacio ultra K se resiste a una flexibilización de ese tipo.

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