11 de septiembre 2009 - 00:00

¿Tiene sentido morir por un tal Karzai?

El presidente afgano, Hamid Karzai, se encamina a continuar en el cargo, ya que conseguiría el 54% de los votos, sin necesidad de ballottage, aunque permanece en penumbras la validez del proceso por el que supuestamente fue reelecto, que tuvo lugar el 20 de agosto. El Comité de Quejas Electorales, respaldado por Naciones Unidas, anuló ayer los votos de decenas de distritos. Aunque la decisión no altera el resultado general, otros datos y denuncias del candidato aparentemente derrotado, Abdulá Abdulá, y de veedores internacionales dan cuenta de un posible fraude masivo. Como un dato llamativo, en la provincia de Paktika, una de las cuestionadas, el actual presidente obtuvo el 91,9% de los votos. Los comicios y la reelección de Karzai fueron una apuesta clave de la administración de Barack Obama y de sus aliados de la OTAN. Pero, el pantano en el plano militar y el aparente naufragio electoral complican los planes de la Casa Blanca.

Un cartel en un camino explica a los pobladores afganos cómo votar en los segundos comicios generales desde la incursión militar de EE.UU., en 2001. El fraude electoral empaña los cómputos oficiales entregados esta semana, que dan ganador a Hamid Karzai.
Un cartel en un camino explica a los pobladores afganos cómo votar en los segundos comicios generales desde la incursión militar de EE.UU., en 2001. El fraude electoral empaña los cómputos oficiales entregados esta semana, que dan ganador a Hamid Karzai.
Kabul - ¿Puede el presidente Barack Obama pedir a los estadounidenses que envíen a más hijos e hijas a morir en Afganistán para defender a un Gobierno dispuesto a robar una elección?

Ésa es la dura pregunta política que los funcionarios estadounidenses podrían enfrentar en las próximas semanas si el presidente Hamid Karzai sigue ignorando la evidencia de fraude en la elección presidencial del mes pasado.

Un organismo supervisor de la elección mayoritariamente nombrado por Naciones Unidas dijo el martes que encontró «evidencia clara y convincente de fraude» en la votación y ordenó un recuento parcial.

Eso no le impidió a Karzai emitir ayer un comunicado elogiando la «honestidad» e «imparcialidad» de los comicios. Los disputados resultados preliminares lo muestran encaminado a ganar en primera vuelta.

Los diplomáticos dicen que la elección no es definitiva hasta que termine el recuento. Los investigadores del presunto fraude podrían transparentar el conteo y obtener un resultado que los afganos acepten como legítimo.

Pero resolver todo esto podría llevar meses. Más allá del resultado, el manto de sospecha que cubrió al proceso ya dañó la imagen de un gobierno que muchos en Occidente consideran débil y corrupto.

Los datos -algunos de los cuales fueron eliminados de la página web de la comisión electoral sin explicación- mostraron anomalías, como pueblos enteros donde Karzai recibió todos los votos emitidos.

La aparente impaciencia de Karzai frente a las dudas y su intento de acelerar el proceso tensionaron la relación con el Gobierno estadounidense. Pero la situación podría empeorar aún más debido a que Obama debe decidir en las próximas semanas si redobla la apuesta, en una riesgosa estrategia que contempla el envío de tropas adicionales a Afganistán.

La disputa electoral no podría haberse producido en un peor momento para Obama, que convirtió a Afganistán en su prioridad en política exterior. Su Gobierno ya envió 21.000 soldados adicionales, profundizando una escalada que comenzó a fines del año pasado bajo la administración de su predecesor, George W. Bush. Desde entonces, la guerra se ha vuelto mucho más violenta y el apoyo interno se ha erosionado.

«Será muy difícil justificar el apoyo al resultado de una elección en la cual se han gastado cientos de millones de dólares y soldados de la OTAN han muerto si el fraude decide el resultado y no la voluntad del pueblo», dijo el principal rival de Karzai, Abdullah Abdullah.

La relación entre Obama y el Gobierno afgano -que ambas partes reconocieron tuvo un incómodo comienzo a principios de año- ahora parece dirigirse a un descarrilamiento.

El día posterior a la elección, cuando el encargado de la campaña de Karzai declaró prematuramente una victoria en primera ronda por amplio margen, el enviado de Obama, Richard Holbrooke, mantuvo una tensa reunión con el presidente, en la que lo instó a no anticiparse al resultado. Karzai expresó su irritación ante los medios debido al percibido maltrato de los funcionarios de Obama.

Hablando sobre sí mismo en tercera persona a un diario francés la semana pasada, dijo: «Los estadounidenses atacan a Karzai de modo solapado porque quieren que sea más maleable. Están equivocados. A ellos les conviene que el pueblo de Afganistán respete a su presidente».

Los políticos estadounidenses siempre supieron que este otoño boreal sería un momento clave para la guerra de Afganistán. Con miles de nuevos soldados avanzando sobre áreas controladas por los talibanes, era previsible que el verano fuera un período mortífero para las fuerzas extranjeras. Se cumplió la previsión: julio fue el mes más letal para las tropas estadounidenses hasta que agosto lo superó.

Los sondeos muestran que el público estadounidense está perdiendo la paciencia. Los miembros demócratas del Congreso se están quejando, y la semana pasada, los influyentes columnistas George Will, Nicholas Kristof y Thomas Friedman -que representan a la derecha, izquierda y centro del espectro político estadounidense- se pronunciaron a favor de una salida anticipada de la guerra.

Si el apoyo público a la guerra en Afganistán disminuyó en Estados Unidos, en Europa tocó fondo. Washington depende del respaldo político y de las 40.000 tropas de sus aliados europeos. (Una señal: Gran Bretaña, Alemania y Francia se pronunciaron ayer por poner en marcha mecanismos de transición para que el Gobierno y las fuerzas militares afganas se hagan cargo progresivamente de la seguridad en el país).

Incluso, en momentos en que sus socios de la coalición están buscando una salida, Obama previsiblemente está considerando enviar más tropas a Afganistán en vez de traerlas de regreso. Karzai no le ha facilitado la decisión.

Agencia Reuters

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