- ámbito
- Edición Impresa
Timerman: “Ningún documento dice que confiamos en Irán”
Esa declaración de Timerman fue seguida de otras tanto o más polémicas. Como cuando respondió sobre una consulta por la confianza que el Gobierno podría tenerle a Irán en cuanto al cumplimiento de este proceso: «En ningún lugar dice que confiamos en Irán. Yo hubiese podido negociar con Suiza o Noruega, pero no hubiera obtenido ningún beneficio con ellos. Tenía que negociar donde viven los imputados. Confianza ninguna. No es un problema de confianza sino de aplicar la ley».
Sin duda el cruce más fuerte del canciller fue con el jujeño Gerardo Morales: «Nos está mintiendo y usted le ha mentido a la comunidad en la cara. El Gobierno claudicó. Modificaron toda la posición, no es Irán el que modificó su posición, porque ya desde 2007 Irán pedía una comisión de expertos. Lo que hicimos fue ponernos de rodillas».
«Evite las ofensas y las chicanas», le respondió Timerman.
Tensión
Otro radical, Ernesto Sanz, le recordó la posibilidad de que Irán se niegue a permitir declarar a sus funcionarios, habida cuenta de la afirmación del vocero de la Cancillería iraní: «¿Quién lo dijo? Un vocero. ¿Le cree más al vocero que al canciller? ¿Por usted, senador, habla usted o su vocero? Le voy a empezar a creer a su vocero. El canciller iraní Salehi dijo que va a cumplir todos los puntos del acuerdo que yo firmé con él», le dijo a Sanz.
Cuando llegó el turno de las autoridades de las organizaciones judías el ambiente se tensó aún más. Guillermo Borger mantuvo la posición de la AMIA: «Rechazamos este acuerdo. No podemos aceptar un convenio que esté por encima de la jurisprudencia argentina. No es un paso adelante, sino un retroceso».
Recordó Borger el peligro de que la causa «podría quedar nuevamente en nulidad, porque la Argentina se está asociando con un país teocrático y fundamentalista», e insistió con el peligro de otro atentado, habida cuenta de la posición en que queda la Argentina.
Lo interrumpió Miguel Pichetto, que hizo de espadachín del Gobierno toda la tarde: «Es una grave irresponsabilidad decir que existe la posibilidad de un tercer atentado sin pruebas». «Por supuesto que no tengo pruebas. Lo estoy planteando conceptualmente», le retrucó Borger. «Los muertos no descansan en paz», fue su sentencia final.
Julio Schlosser, por la DAIA, se opuso, aunque en tono más medido: «No es que no confiamos en el canciller, todo lo contrario, he hablado innumerables veces con él. No confiamos en el interlocutor. No vamos a respetar a Irán como interlocutor».
Esfuerzo
Por los familiares, Olga Degtiar, de la agrupación Familiares y Amigos de Víctimas de la AMIA, afirmó: «Apoyamos este proyecto porque confiamos en la investigación del fiscal Nisman, y confiamos en el Gobierno de Cristina de Kirchner, porque la hemos acompañado a la ONU y sabemos de su esfuerzo». En ese momento hubo caras de respiro en el oficialismo después de horas de combate.
Pero el final con Laura Ginsberg volvió complicarle la escena al Gobierno. Ginsberg, de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre de AMIA, no estaba anotada en la lista de oradores. Caminó por el medio de la mesa en U que sirvió para sentar a senadores y funcionarios e increpando a Daniel Filmus y Timerman pidió la palabra.
Tras breves cruces, se aceptó el pedido. Timerman se sentó a un costado y Ginsberg acusó: «¿Qué va a pasar si la comisión dice que no hay evidencia suficiente para acusar? Vía muerta. ¿Y si dice que sí hay evidencia? Irán va a decir que los acusados no van. Y el Gobierno va a decir que hizo todo lo que pudo». Un largo silencio reinaba en el salón del Senado: «Ustedes están votando la ley de punto final para el atentado a la AMIA», acusó.


Dejá tu comentario