13 de agosto 2010 - 00:00

Típico: PJ y UCR buscan atajos para resolver duelos

Bajo la hojarasca de la crisis que desató Elisa Carrió con su carta incendiaria, el radicalismo empezó a explorar -quizá porque asume a Lilita un estorbo lateral- una alternativa curiosa: resolver el duelo entre Ricardo Alfonsín y Julio Cobos con una interna propia.

Es, según la hipótesis, al margen de las primarias oficiales. Se trataría de una elección propia, en algún punto testimonial, donde sólo se discuta si el candidato a presidente del radicalismo, en 2011, será Cobos o Alfonsín. O, quizá, Ernesto Sanz.

La alquimia, efímera, resolvería el intríngulis del postulante presidencial sin meter en la disputa el resto de las candidaturas y, sobre todo, lo haría antes del 14 de agosto, fecha fijada para las internas abiertas y simultáneas. Para ganar tiempo.

La alternativa analizada en la UCR coincide, temporalmente, con la ráfaga de presunciones, sospechas y elucubraciones que, desde hace semanas, produce espasmos en el peronismo respecto de cómo será, finalmente, el sistema de elección de los candidatos en 2011.

Días atrás, Julio Pereyra, el intendente de Florencio Varela, reveló uno de esos temores: el régimen de primarias vigente en la provincia fija, a diferencia del modelo nacional, que el reparto en la interna se hace mediante el sistema DHont y no por mayoría-minoría.

El cambio es de alta sensibilidad: para entrar en el reparto, se pasa del 25% histórico del PJ al 11,1% para senadores provinciales en el conurbano sur y, en los distritos como por Varela, al 8,3% para poder reclamar espacio en la lista de concejales.

Por eso, Pereyra, hundido en un lamento, advirtió de que muchos intendentes tengan, el año próximo, riesgos de perder el control de sus municipios porque tendrían que llevar en sus boletas locales candidatos que no les responden.

No lo dijo, pero se refiere, sobre todo, a piqueteros. Mencionó el tema como el problema del «concejal y medio» para decir que, en un concejo reñido, quedarán atados a los vaivenes de dirigentes que no tengan obediencia directa con los jefes comunales.

El reparto por DHont fue, expresamente, eliminado en la ley nacional de primarias que se diseñó en el despacho de Florencio Randazzo. Al principio, se analizó la posibilidad de fijarla para legisladores nacionales -la propuso Juan Manuel Urtubey-, pero luego se desechó.

A nivel nacional, el régimen de distribución de cargos queda a criterio de cada partido. Es decir: el PJ puede ratificar el 25% para la minoría (nada para los terceros y cuartos) y la UCR seguir, según el territorio, con el porcentaje del 30% para la minoría.

Para potenciar el consumo de ansiolíticos entre los caciques del PJ, otra versión -expresamente prohibida por la ley bonaerense- los inquietó.

Sería así: un partido vecinal o provincial realiza su propia primaria, elige candidatos y tras el 14 de agosto decide «adherir» a los candidatos de, por ejemplo, el PJ. De ese modo, Martín Sabbatella podría ser candidato a gobernador por su partido y luego «adherir» a una eventual candidatura presidencial de Néstor Kirchner.

Lo mismo en los municipios. Boletas locales se colgarían, en la Justicia, de las listas del PJ. Esa versión, que contagió de pánico a los jerarcas del peronismo, está prohibida por la ley provincial porque, de existir, tergiversaría el sentido de la primaria.

Esa construcción imaginaria, al igual que la interna preprimaria que se charló en círculos de la UCR, tiene un mismo origen: gambetear, por vías alternativas, un mecanismo -las primarias- que los legisladores de ambos partidos votaron en el Congreso nacional y en la Legislatura bonaerense.

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