19 de marzo 2014 - 00:00

Título merecido por rendimiento

Irlanda, en la despedidad de Brian O'Driscoll, ganó el título tras vencer a Francia en París. El coach Joe Schmith fue uno de los pilares

la foto más esperada. La copa en las manos de Brian ODriscoll y el festejo de color verde en tierras francesas.
la foto más esperada. La copa en las manos de Brian O'Driscoll y el festejo de color verde en tierras francesas.
Irlanda se consagró campeón del Seis Naciones con absoluta justicia, merced a una regularidad sostenida a lo largo de los cinco partidos. Sin embargo, en el último encuentro -y a lo largo de todo el certamen- hubo otro hecho que le dio a este título una mayor repercusión y emoción: el retiro de la leyenda Brian O'Driscoll del seleccionado y no sólo eso, sino que haya llegado a los 141 partidos a nivel (entre los jugados para Irlanda y los British & Irish Lions), marcó a fuego a este equipo que tuvo en su entrenador (el kiwi Joe Schmidt) a uno de los pilares de esta recuperación verde desde noviembre y nadie puede olvidarse del partido ante los All Blacks.

En este 2014 la regularidad y consistencia que le supo otorgar a sus dirigidos, fue tambaleante en el partido decisivo ante Fran-cia porque los galos, un equipo en situación de inestabilidad crónica (por lo menos desde la llegada de Philip Saint André), le hicieron partido con un planteo simple, apelando a la potencia de Bastareaud en el centro de la cancha y a un uso del pie que obligó al equipo de la isla esmeralda a tener que arriesgar más de la cuenta. De todas formas, Irlanda siempre fue más que Francia y que todos y por eso el título es más que merecido.

Inglaterra, el otro contendiente en discordia -que dependía de una victoria francesa para acceder al cetro- sólo flaqueó justamente ante los de Saint André en el inicio, lo que condicionó su andar a lo largo de los otros partidos.

Con un planteo de juego diferente gracias a que Lancaster cambió a ciertos ejecutantes claves (Danny Care, Mike Brown, Twelvetrees, Lawes y Launchbury) el equipo de la Rosa jugó pensando más en el próximo Mundial que en este torneo y queda claro que al entrenador inglés el árbol no le tapó el bosque.

Gales tuvo destellos de distinción, pero eso no le alcanzó.

Era candidato, pero se quedó ahí cuando tuvo que demostrarlo. Ante Escocia, en su último partido, desnudó el presente de ambos.

Mientras, lo de Escocia e Italia rozó lo vergonzoso, más allá de algunas pequeñísimas grageas de buen rugby. Demasiado poco, casi nada, cuando a un año del Mundial deberían mostrar una preocupación genuina.

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