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Título merecido por rendimiento
Irlanda, en la despedidad de Brian O'Driscoll, ganó el título tras vencer a Francia en París. El coach Joe Schmith fue uno de los pilares
la foto más esperada. La copa en las manos de Brian O'Driscoll y el festejo de color verde en tierras francesas.
En este 2014 la regularidad y consistencia que le supo otorgar a sus dirigidos, fue tambaleante en el partido decisivo ante Fran-cia porque los galos, un equipo en situación de inestabilidad crónica (por lo menos desde la llegada de Philip Saint André), le hicieron partido con un planteo simple, apelando a la potencia de Bastareaud en el centro de la cancha y a un uso del pie que obligó al equipo de la isla esmeralda a tener que arriesgar más de la cuenta. De todas formas, Irlanda siempre fue más que Francia y que todos y por eso el título es más que merecido.
Inglaterra, el otro contendiente en discordia -que dependía de una victoria francesa para acceder al cetro- sólo flaqueó justamente ante los de Saint André en el inicio, lo que condicionó su andar a lo largo de los otros partidos.
Con un planteo de juego diferente gracias a que Lancaster cambió a ciertos ejecutantes claves (Danny Care, Mike Brown, Twelvetrees, Lawes y Launchbury) el equipo de la Rosa jugó pensando más en el próximo Mundial que en este torneo y queda claro que al entrenador inglés el árbol no le tapó el bosque.
Gales tuvo destellos de distinción, pero eso no le alcanzó.
Era candidato, pero se quedó ahí cuando tuvo que demostrarlo. Ante Escocia, en su último partido, desnudó el presente de ambos.
Mientras, lo de Escocia e Italia rozó lo vergonzoso, más allá de algunas pequeñísimas grageas de buen rugby. Demasiado poco, casi nada, cuando a un año del Mundial deberían mostrar una preocupación genuina.


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