Saraceno. “Cómo atrapar el universo en una telaraña”, en el MAMBA.
El artista tucumano Tomás Saraceno (1973) vive en Berlín desde que terminó sus estudios de arquitectura en la UBA y de arte en las escuelas De la Cárcova y la de Frankfurt. Desde hace unos meses está en Buenos Aires para inaugurar, en el Museo de Arte Moderno, "Cómo atrapar el universo en una telaraña", su primera exposición individual en la Argentina. La muestra es excepcional por su contenido, y por una producción que puso a prueba los esfuerzos del MAMBA, de la curadora de la muestra y directora de la institución, Victoria Noorthoorn, y de todo su equipo. El montaje significó una revolución. El artista salió a buscar 7.000 arañas que trajo de Corrientes y Santiago del Estero, después llegaron miles de grillos para alimentarlas mientras tejían millones de filamentos de las telas orbitales. Allí se trabajó día y noche y se sellaron las salas hasta que las arañas partieron.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Durante el vernissage, Saraceno no ocultó la ansiedad provocada por el desafío de "convivir y confiar en otras especies para realizar la obra. Creo que a las arañas no las quiere nadie. Es algo fuera de control". Si bien es común poner al servicio del arte las más diversas disciplinas, Saraceno, artista y arquitecto es un científico por afición y se mueve cómodo en temas complejos. Su cosmovisión del mundo, tan conceptual como poética, lo aleja de las tendencias dominantes en el circuito global. Su estudio en Berlín, un centro donde se consolida la alianza entre el arte y la ciencia, al igual que su obra, revela la existencia de otros reinos.
En una de sus extensas instalaciones trabajaron durante casi siete meses las arañas de la especie argentina Parawixia Bistriata. Ellas tejieron "Instrumento Musical Cuasi-Social IC 342", una representación tridimensional de la estructura de redes del cosmos, hecha de sutiles entramados sensibles. Entramados que marcaron el despuntar de la carrera internacional de Saraceno en la 53° Bienal de Venecia de 2009, cuando el curador Daniel Birnbaum presentó sus "teorías utópicas de las constelaciones" y destacó su "análisis de la capacidad de los filamentos de la telaraña". El artista exhibió entonces una sala cruzada por filamentos negros (de hilo) interrumpidos por grandes nodos. La obra despertó el interés de Glenn Lowry, director del MOMA de Nueva York y, ese mismo año, Saraceno llegaba a la NASA y recibía el Premio Calder.
Hoy los delgados filamentos reales, sensibles al tacto y conectados entre sí, interactúan con la arquitectura del MAMBA en una inmensa sala oscura; mientras, en la otra sala, también oscura, una araña en plena labor convive con el polvo cósmico que, al desplazarse o colisionar con las turbulencias que provoca su propio movimiento o el ir y venir de los visitantes, genera un sonido que el artista amplifica a voluntad. Las imágenes también amplificadas del polvo cósmico, visibles a simple vista con los haces de luz que cortan la oscuridad, se proyectan en una pantalla.
El polvo, ¿es la tierra convirtiéndose en cielo? o ¿es el cielo solidificado? Entre 5 y 300 toneladas diarias de polvo cósmico caen a la Tierra atravesando la atmósfera. Las partículas -observa Saraceno-, son "una franja de Vía Láctea que brilla... cada comienzo es una nube de polvo... en resonancia cosmoacústica". No es de extrañar su interés por Ítalo Calvino y sus ficciones, o por Gyula Kosice y sus ciudades hidroespaciales.
Hijo de una bióloga y un ingeniero agrónomo, hermano de una bióloga y un físico, tiene un tío también físico. Cuando las "Ciudades-Nubes", esferas livianas para flotar en el espacio, se presentaron en el Metropolitan de Nueva York, resultó la exposición más visitada del museo. En la ciencia, Saraceno trabaja con el MIT en estas esculturas aéreas que se calientan con el sol.
Dejá tu comentario