31 de marzo 2016 - 00:00

Torneos cortos tampoco son solución

Torneos cortos tampoco son solución
 La histeria dominante en el fútbol argentino no sabe ni de formatos de torneos ni de tiempos en su desarrollo. Cuando el año pasado se comenzó a disputar el torneo largo entre 30 equipos se pensó que iba a resultar un bálsamo para una de las clases más atacadas -junto a los árbitros- en el fútbol nacional: los técnicos. Sin embargo, esa supuesta estabilidad que iban a tener chocó con la cruda realidad: el campeonato largo de 2015 consumió 71 directores técnicos y de los 32 clubes que pasaron por Primera, 23 se decidieron por el cambio. En 2015, al término de la décima fecha del Torneo de Primera División siete técnicos ya habían perdido sus trabajos: Reinaldo Merlo (Colón), Omar Labruna (Nueva Chicago), Roberto Sensini (Atlético Rafaela), Mauricio Pallegrino (Estudiantes de la Plata); Walter Perazzo (Olimpo), Darío Franco (Defensa y Justicia) y Martín Palermo (Arsenal).

La tónica no está siendo diferente este año y hasta se puede asegurar que la situación se agravó. Si se toma en cuenta el Torneo de Transición de Primera División, el Nacional B, la B Metropolitana, la Primera C y el Federal A, disputadas recién entre ocho y diez fechas, 31 equipos utilizaron 56 técnicos. Estos 31 equipos, entre interinos y efectivos, efectuaron 26 cambios de entrenadores. En un Torneo de Transición hipercorto, la silla eléctrica que representa para un coach el banco de suplentes parece recargada con más voltios: con apenas nueve fechas disputadas nueve fueron los técnicos que tuvieron que dejar sus cargos.

Lucas Bernardi, tras perder Newell's el clásico contra Rosario Central, fue despedido. Diego Osella dejó Olimpo para asumir en la "Lepra" rosarina y en el conjunto de Bahía Blanca asumió Cristian Díaz. Otro que tuvo que renunciar (o lo forzaron a ello) fue Carlos Mayor, quien no logró buenos resultados con Argentinos Juniors y, para colmo, la goleada recibida ante Defensa y Justicia (5-1) resultó la gota que rebalsó el vaso. Sergio Lippi se alejó de Sarmiento luego de caer ante Belgrano por 3-0, por lo que el presidente de la institución de Junín, Fernando Chiofalo, decidió terminar con el vínculo.

Distinto fue el caso de Claudio Vivas en Banfield, quien reemplazó interinamente al renunciante Matías Almeyda. Sin embargo, el itinerato se extendió por siete meses, hasta que la dirigencia decidió contratar a Julio Falcioni. El que tuvo suerte en la bolsa laboral de entrenadores fue Pedro Troglio, quien, tras casi cinco años de estar al fente de Gimnasia y Esgrima La Plata, fue despedido luego de perder en el clásico platense (3-0) ante Estudiantes. Sin embargo, en menos de 15 días, asumió como DT de Tigre. Rodolfo Arruabarrena, a pesar de que quería quedarse en el club, fue despedido por la dirigencia de Boca tras perder 1-0 ante Racing, en la quinta fecha. Los mellizos Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, quienes se habían desvinculado del Palermo sólo unos días antes del adiós al Vasco, asumieron en el club de la Ribera. El último eslabón de esta cadena de despidos fue el de Jorge Burruchaga, quien, a falta de buenos resultados, no pudo sostener su cargo en Atlético Rafaela y la directiva de la "Crema" lo reemplazó por Juan Manuel Llop.

La paciencia en el fútbol no existe, los resultados siguen mandando y los proyectos a largo plazo cada vez tienen menos consistencia y cuentan con menos adeptos. No hay torneo largo ni corto que deje trabajar en paz a los entrenadores. El fútbol argentino, una vez más, ratifica su título de mayor depredador de técnicos del mundo.

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