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Torturas y amenazas, dramático día a día de los opositores presos
Los detenidos no acceden a un proceso justo y muchos enfrentan juicios en tribunales militares. La mayoría denuncia abusos físicos y psicológicos.
PERSECUCIÓN. A las detenciones arbitrarias, se suman operativos realizados por grupos no estatales, como los “colectivos” chavistas.
El presidente y su ministro de Defensa, Vladimir Padrino, advirtieron que no tolerarán abusos, pero denunciaron "actos de barbarie" de la oposición para derrocar al Gobierno. El defensor del pueblo, el oficialista Tarek William Saab, niega que los tratos crueles sean una práctica generalizada.
Un tribunal civil le concedió a Luis libertad plena. Otros no tienen esa suerte.
A sus 18 años, Abraham Quiroz podría ser condenado por un juez militar a 18 de prisión. "¡Papá, sácame de aquí! Me siento mal. No puedo respirar", le rogó llorando Abraham a su padre, Nicolás, en una breve llamada telefónica desde un penal de alta seguridad.
Fue detenido el 2 de julio en Maracay (centro) junto con otros 26 jóvenes, y de allí trasladado a una cárcel a 20 horas de distancia por carretera.
"Es una injusticia bárbara", declaró Nicolás con la voz temblorosa de rabia, al denunciar que su único hijo fue golpeado fuertemente en las costillas.
El día de la captura, militares y manifestantes se habían enfrentado cerca de una universidad pública, donde un grupo de muchachos decidió refugiarse y pasar la noche.
Unos 40 hombres encapuchados y armados irrumpieron en la madrugada y se los llevaron, relataron estudiantes y familiares.
"Se identificaron como colectivos, amenazaron a los muchachos y se los llevaron. Fue un secuestro", aseguró Isva Vera, dirigente estudiantil, aludiendo a grupos civiles del chavismo que la oposición tilda de "paramilitares".
Tras semanas de choques, en las paredes de la universidad se observan agujeros de bala, y en los alrededores cartuchos de perdigones y bombas lacrimógenas.
Andreína Santa Cruz, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Metropolitana, denunció maniobras para dilatar los procesos.
Sin comprobársele delitos, Luis debió esperar 96 horas para quedar libre en lugar de las 48 establecidas por ley.
Pero los juicios en tribunales militares son más complicados y "opacos", dijo Santa Cruz.
A los jóvenes de Maracay se les acusó de "instigación a la rebelión" y "violación de zona de seguridad".
Los hombres (21) fueron enviados a prisiones de alta seguridad, mientras cinco mujeres y un joven con discapacidad están en arresto domiciliario.
"Es muy doloroso pensar en lo que viven allí", se lamenta Naileth, madre de Joneiker Grajirena, de 19 años.
Abraham, Joneiker y otros nueve están en la cárcel de El Dorado (estado Bolívar, sur), junto con delincuentes de alta peligrosidad. Sus familiares hacen el largo viaje para llevarles alimentos y ropa, pero no han podido verlos.
El gobierno justifica estos juicios, al señalar que los manifestantes cometen delitos de naturaleza militar como "ataques" a cuarteles.
La ONG Una Ventana a la Libertad afirma que solo en los centros de detención preventiva el hacinamiento supera 400%.
"Me volví multiplicador del miedo", confesó Luis, quien ahora pide a familiares y amigos evitar las protestas. El pánico lo confinó 15 días en casa antes de atreverse a volver al trabajo. "Las heridas sanaron bien", dijo mientras mostraba la lesión del abdomen. "Pero las cicatrices más difíciles son las psicológicas".
| Agencia AFP |


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