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“Toy Story” volvió en 3D y algo más “dark”
El vaquero Woody, el astronauta Buzz Lightyear y el resto de la banda, con destino incierto en la casa de Andy.
Once años después del estreno de «Toy Story 2» (entre la primera y la segunda sólo mediaron cuatro años), Pixar-Disney lanza una nueva secuela de su creación inaugural y más famosa, ahora para una generación diferente; su público original atraviesa ya la misma etapa que Andy, el protagonista de la serie: está por ingresar en la universidad y debe desprenderse de los juguetes.
Sobre la base de esta ruptura, que respeta el tiempo cronológico interno a la historia, «Toy Story 3» adquiere un matiz distinto de sus antecesoras y en el que lo siniestro, con el progreso de la nueva aventura, compensa un tanto la melancolía inevitable a la que la impulsaba el guión. El destino para la banda de Woody y Buzz Lightyear puede ser o bien el tacho de basura o bien una guardería de chicos pobres. Tras una serie de peripecias termina ocurriendo la segunda opción, pero tampoco allí habrá paz: en Sunnyside, nombre de la guardería, hay una banda comandada por un tipo de cuidar, aunque lleve el ropaje del cariñoso osito de peluche.
«Toy Story 3» (suele ocurrir con las continuaciones) no tiene la chispa de sus antecedentes, en especial el de la brillante primera parte, y su tono por momentos siniestro le da un perfil más noir aunque eso le reste algo de humor. No es improbable que el objetivo de los libretistas haya sido el de no perder de vista a aquel público anterior. A diferencia de la primera parte, donde el vecinito cruel representaba un antagonista claro, aquí es el clima general de la historia lo que la vuelve más dark.
El 3D no distrae con efectos innecesarios, y su inclusión obedece más a la corriente actual e insoslayable del cine de animación masivo que a los auténticos propósitos de los autores. La alianza comercial entre Disney y la empresa Mattel se evidencia ahora mucho más que en la segunda parte: los personajes de Barbie y Ken, que no tenían mayor relevancia en el film anterior, adquieren ahora un papel casi protagónico, con varias escenas solistas. El habitual corto que precede a todo largometraje de Pixar (dos fantasmitas contradictorios) es agradable pero no está a la altura creativa de los precedentes.


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