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Trafalgar en el mercado español; esperan al BCE
¿No hay trifulca? ¿O sí? La reunión de los ministros de Finanzas (y banqueros centrales) del G-7 fue un acto de emergencia. Fuera de agenda, realizado sobre la marcha, y por teleconferencia. Quizás tranquilice a los mercados advertir que hay quien le vigile los pasos a la eurozona, pero si se montó la reunión (y a Europa le molesta sobremanera esa intrusión en sus asuntos) es porque, en el fondo, tranquilidad es lo que no existe en el seno del G-7. En EE.UU. hay elecciones presidenciales en cinco meses, y Barack Obama no podrá hacer gala de la misma paciencia del año pasado. Ya se resintió la creación de empleo en su país -su mejor carta de campaña, hasta marzo último- y un descalabro europeo a toda orquesta, justo ahora, arruinaría sus chances aun frente a un candidato esmerilado como Mitt Romney (quien, de momento, mientras Obama declina en las encuestas, no parece capaz de sacar tajada). Si hay una solución incruenta sobre la mesa -por caso, un parche temporario que dure hasta noviembre-, Obama presionará por ella. El Trafalgar de Rajoy no será por culpa de un almirante anglosajón.
Sobre la superficie las aguas se calmaron. Pero no hay que engañarse. Por debajo, se retuerce la correntada. Una convulsión bancaria es siempre difícil de dominar. En una unión monetaria se contagia fácil. Y nunca cesa por arte de magia. Dos semanas atrás, Mariano Rajoy, en la cumbre de Bruselas, pedía medidas que se pudieran tomar en 24 horas en vez de grandes debates sobre el futuro. Al día siguiente anunció el boquete mayúsculo de Bankia. Y las medidas siguen esperando. Se las nombra, eso sí, pero no se las adopta. La sangría de depósitos bancarios españoles totalizó 31.441 millones en abril (antes de que se nacionalizara Bankia). La sangría tiene que ser muy superior en mayo. Ése es el ventarrón, después de todo, que le cierra las puertas del crédito a España. El cimbronazo es fuerte. Portugal, sin ir más lejos, debió inyectarles 6.650 millones de euros de capital esta semana a sus tres bancos principales (con recursos del paquete de rescate). Chipre, golpeado por la reestructuración de la deuda griega y por las vicisitudes adversas que no cesan allí, también pide auxilio a Bruselas (el año pasado zafó con la ayuda de un préstamo bilateral de 2.500 millones de euros de Rusia). Como España no reconoce un desajuste fiscal, no quiere un plan de rescate para sí, sino la transferencia directa de asistencia a la banca, libre de los requerimientos de la condicionalidad. Es la modalidad que bendicen el FMI, la OCDE, el BCE y ahora también la Comisión y el Consejo Europeo. «Los hombres de negro no van a venir», dijo ayer Montoro cuando reconoció haberse quedado sin financiación. ¿No se instalará la «troika» en Madrid? ¿Se capitalizará a los bancos con fondos europeos y España saldrá del asedio? Esa convicción debería explicar la templanza de los mercados ¿Será que Alemania le prometió a España levantar su veto a la iniciativa? Eso no es cierto. Si lo fuera, Mariano Rajoy no hubiese roto lanzas con la premier alemana, Angela Merkel; no se hubiera sumado al coro de los eurobonos que tanto la irrita. No ayer después de haberse mantenido siempre al margen. Alemania no ha dicho ni un sí ni un no. Todo está, pues, firmemente apoyado sobre el aire: la capitalización de Bankia y del sistema bancario español, la instalación del Mecanismo Europeo de Estabilización (MEDE) previsto para julio y la modificación de sus instrumentos financieros para permitir el mecanismo directo de intervención. Y a ello se añaden el proyecto de la unión bancaria, la garantía continental de los depósitos y la supervisión centralizada en un único contralor. Ergo, si los mercados pierden la calma, si no los tranquiliza la sola mención de un reguero de promesas, el BCE deberá ocuparse.
Christine Lagarde, la directora gerente del FMI, ya le ha dicho al BCE lo que tiene que hacer hoy cuando se reúna su Consejo Monetario: «Hay margen para un recorte de tasas de interés». Los bancos europeos también se pronunciaron por adelantado; 96 de ellos se presentaron en ventanilla y tomaron pases (MRO) por 119 mil millones de euros por siete días. La tasa no es el problema: les costará el 1% cuando se espera que el BCE la pode hoy. ¿Es que desconfían del recorte? ¿O no están en condiciones de esperar? Desde febrero, cuando se hizo la segunda ronda de los pases a tres años, que al BCE no le pedían tanta asistencia. Es un alivio que reine la calma, pero también es un pequeño milagro. Que no durará si no se restaura la confianza en España.


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