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Tras Cobos, la UCR se pone más exigente
Jóvenes militantes radicales tomaron ayer el comité mendocino de la UCR en la capital provincial para rechazar la amnistía a Julio Cobos.
Para dar una señal de funcionamiento nacional, la reunión de la mesa terminó con un comunicado donde la UCR fijó posición sobre las crisis que se vivieron en el verano. Casi como un parte de reunión de gabinete.
Condena
Por ejemplo, hubo una condena al rebrote antisemita en el país: «La Argentina contempla absorta el resurgimiento y crecimiento de una ola de xenofobia, acentuada en su arista antisemita, promovida por grupos que actúan con impunidad ante la pasividad, e incluso complacencia, de personajes del poder», dijo el Comité Nacional que hasta ahora no se había pronunciado orgánicamente sobre el tema.
De ahí que le solicitaran al Gobierno «que extreme los recursos para evitar la propagación de este flagelo que en nada contribuye a la imprescindible armonía social y erradique de su seno y entorno a aquellos personajes que con sus actividades promuevan la discriminación o el resquebrajamiento del espíritu nacional». El mensaje no sólo fue para Luis D'Elía, sino también para la ex radical María José Lubertino, que en ningún momento se anotó en la lista de los candidatos a volver al seno partidario.
Los radicales, presididos en el encuentro por el jujeño Gerardo Morales y el presidente de la Convención Nacional, Hipólito Solari Yrigoyen, criticaron «la batería de anuncios de nula aplicación práctica; una declaración de emergencia agropecuaria mediante una ley obsoleta que no sirve para nada, o la insistencia en la fragmentación social, que aumenta la desunión, el pesimismo y el descontento».
Como si se hubieran adelantado a los pronósticos que ayer emitió el FMI sobre la Argentina, las cabezas del radicalismo alertaron sobre el impacto de la crisis: «El país no tiene su economía blindada y no ha podido -como presumía la señora Presidente- escapar de la crisis financiera internacional: consecuentemente, las expectativas de crecimiento y el sostenimiento del actual nivel de actividad son por demás desalentadores», dijeron.
Todo fue parte de una puesta en escena para reavivar la imagen del radicalismo como partido en funcionamiento, independientemente de los acuerdos que mantiene con Elisa Carrió y, a medias, con el socialismo.
De todas formas, mientras Carrió continuaba en Wa-shington denunciando ante la OEA posibles fraudes electorales en la Argentina, los radicales la incluyeron en esa declaración que operó casi como un lanzamiento de campaña: «La UCR -junto con otras fuerzas de la oposición que caminan juntas el sendero de la construcción de una alternativa al autoritarismo corrupto del kirchnerismo- propone medidas centrales para proteger el consumo y la producción», dice el documento reproduciendo un lenguaje propio de la jefa de la Coalición Cívica.
En la reunión se avaló, entonces, el plan anticrisis que la UCR, el socialismo y la Coalición Cívica presentaron en el Senado el miércoles pasado.
En un partido como el radicalismo, que hace del protocolo institucional una religión, ese tipo de ratificaciones orgánicas parecen imprescindibles.
Pero lo que más interesaba a Morales no era la ratificación formal del partido de las medidas que acordó con la oposición, sino el frente interno. Por eso consiguió que la mesa de conducción nacional le respaldara todas las acciones que llevó adelante para la reunificación del partido.
Es decir, el acuerdo con el socialismo y la Coalición Cívica (que no había pasado por la lupa partidaria) y, por supuesto, el acercamiento directo con Julio Cobos.


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