Estamos a horas de las elecciones para escoger el próximo presidente y esto sirve de excusa para casi todo lo que no tiene demasiadas -o las tiene en exceso- explicaciones. Entre ellas, el comportamiento del mercado bursátil, que con un muy bajo volumen ayer trepó un 0,15% (tras estar la mayor parte del día perdedor) dejando el Dow en 13.112,24 puntos. El lunes señalábamos el fracaso de la desmutualización de las Bolsas, que ha dado como resultado una migración de las operaciones hacia los «dark pools», reduciendo de manera drástica la «transparencia» de los mercados. Otro efecto, menos comentado, es el incremento del riesgo sistémico (un ejemplo: si el NYSE -u otro integrante del NYSE Euronext- cae, podría arrastrar a las Bolsas de Bruselas, París, Ámsterdam, Lisboa, el Liffe en Londres, el AMEX, el ARCA, la Bolsa de San Francisco, etc.).
Regulaciones
La respuesta de los reguladores ha sido más -no mejores- regulaciones sin generar un beneficio real en la calidad del control de los mercados, exacerbando la migración de las grandes operaciones a sistemas más libres, mientras el pequeño inversor -que debe enfrentar menos transparencia, más riesgo, mayores costos por las regulaciones y no puede «migrar»- se ha «borrado» de los mercados bursátiles.
En lugar de un «capitalismo del pueblo», pasamos a un «capitalismo de las empresas», que en los casos más retrógrados adopta formas «fascistas» (el control y regulación total de los mercados, medios de comunicación y algunas empresas por líderes mesiánicos) y en otras, «corporativistas» (a la usanza de Joseph Schumpeter). En definitiva, quien más ha perdido con lo que está sucediendo es la gente común (que para deshumanizar algunos llaman pomposamente «el pueblo»).
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