Cuando Andrew Pomida baja de un avión militar en la capital, Manila, lleva puesta una camiseta sin mangas, pantalones cortos y chancletas, todo prestado. El objetivo de este maestro y padre de familia de 36 años de Leyte, la zona más afectada por el tifón, es llevar de vuelta a casa alimentos, medicinas y otros suministros.
Pomida relata que él y sus hijos sobrevivieron a una ola procedente del mar que parecía un tsunami atándose con una cuerda a un poste y trepando al segundo piso de su casa en la ciudad de Tacloban, la capital de Leyte. Nueve de sus familiares murieron en el que ya es considerado uno de los peores tifones de la historia.
"Hay tantos muertos solamente en Tacloban", señala. "Lo que pasó fue muy, muy grave. Tanta gente ha muerto y otros están muriendo. No hay alimentos ni medicamentos. El Gobierno está llevando alimentos, pero no es suficiente".
Mientras las autoridades, las organizaciones de ayuda y grupos voluntarios realizan un enorme esfuerzo para asistir a las víctimas, la destrucción causada por Haiyan agotaba los recursos.
Los equipos de rescate están enfrentando numerosos problemas logísticos porque el tifón dejó las rutas intransitables, decenas de aeropuertos dañados y la electricidad y las telecomunicaciones cortadas. "Estamos haciendo todo lo posible para llevar ayuda a todos", sostuvo el vocero militar, teniente coronel Romeo Zagala.
Desiree Tejano, de 27 años, huyó con su hija de tres años, su madre y su hermana de Tacloban a Manila, donde se quedará con otra hermana. Su padre y otros familiares se quedaron a vigilar las viviendas.
"Tenemos miedo de dejarlos allí, pero no teníamos otra opción. No hay nada que comer o beber", se lamenta, al tiempo que relata que sobrevivieron porque se abrazaron fuerte en el segundo piso de la casa.
Tejano señala que tiene miedo de que su hija se enferme por el hedor de los cadáveres en descomposición. "Fue como ser golpeados por un tsunami y un huracán a la vez", explica. "Con todos los cuerpos alineados en las calles, por todas partes, el hedor de la descomposición ha envuelto el aire". "Nosotros tenemos suerte porque ninguno de mis seres queridos ha muerto", añadió. "La mayoría de mis vecinos están muertos. La muerte está en todas partes".
| Agencia DPA |


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