3 de junio 2010 - 00:00

Tras los disparos, surge la batalla por el relato

Tel Aviv - Los muertos todavía no han sido enterrados y muchos de los heridos siguen en los hospitales, pero ahora es el momento de los voceros que explican el derramamiento de sangre a su manera; y algunos están más preocupados por la interpretación de los hechos que por la verdad.

El aclamado escritor sueco de novela policíaca Henning Mankell está furioso y califica a los israelís de «piratas» y «secuestradores». Los políticos israelíes afirman que los cerca de 700 activistas propalestinos son próximos a la red terrorista Al Qaeda y a los yihadistas (combatientes de la «guerra santa»). Ambas partes se acusan mutuamente de la muerte de nueve personas. Ahora sólo queda convencer de una de las dos posturas al batallón de indecisos en todo el mundo.

«El gran escándalo es que nosotros sólo podemos convencer con la palabra», aseguró la diputada del partido alemán La Izquierda Annette Groth, que viajaba a bordo del barco de pasajeros turcos Mavi Marmara, que fue asaltado por soldados de élite israelíes antes del amanecer del pasado lunes.

«Tenemos que hacer frente con la palabra a las imágenes de la parte israelí. Todo nuestro material gráfico ha sido destruido o nos lo han quitado. Nos robaron», apostilla enojada la diputada de 56 años.

¿Y qué es lo que ha pasado? Los activistas puestos en libertad afirman que los israelíes les quitaron los pasaportes, el dinero, los teléfonos celulares, las computadoras y las cámaras. «Hemos visto algunas imágenes en directo de Al Yazira», dijo la cofundadora de la organización Free Gaza, Greta Berlin. «Los soldados israelíes comenzaron a disparar. Se pueden escuchar los disparos». Para ella queda claro quiénes son «los verdaderos terroristas»: los soldados israelíes que asaltaron un barco en aguas internacionales con gas lacrimógeno y granadas cegadoras.

Los israelíes, sin embargo, llegan a otra conclusión completamente diferente. Ellos también se remiten a su material grabado, el propio. En las imágenes se ve cómo pequeños grupos de personas golpean con bastones a los soldados. Uno tiene una herida sangrante en el pecho. El Ejército israelí presenta su caso como una suerte de acción de liberación de cuatro soldados que hacían frente a una turba que los iba a linchar.

En un principio, el viceministro de Asuntos Exteriores, Danny Ayalon, colocó a todos los 700 activistas en el círculo de los terroristas y los violentos. Habló de una «armada del odio y la violencia». Tras una generalización inicial, Israel centra su atención en los «verdaderos culpables».

Y esos son «decenas de mercenarios armados», dicen. Ellos, aseguran, prepararon de antemano el candente recibimiento de los soldados como si se tratara de un operativo militar, asegura el diario Yediot Ahronot, reflejando así el punto de vista de los militares judíos.

Los cerca de 40 turcos subieron a la embarcación con chalecos reforzados, máscaras de gas y aparatos de visión nocturna. Y detrás de todos ellos -se agrega- figura la organización humanitaria islámica turca IHH, que cuenta con apoyos de políticos del partido islámico conservador AKP, en el Gobierno de Ankara.

En Israel, el Ejército israelí juega con ventaja a la hora de crear opinión, pues una gran mayoría de la población cree en su versión de los hechos. Sin embargo, una mayoría del 62,7% de los consultados opina que el Ejército podría haber actuado de otra forma para detener a la «flotilla».

En el extranjero, comenta el profesor de relaciones internacionales Eitan Gilboa, de la universidad Bar Ilan, se ve a Israel frente a una «batalla perdida». De forma sucinta: activistas en pro de la paz son atacados por soldados.

Agencia DPA

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