8 de abril 2011 - 00:00

Tregua, antes de volver a gatillar

El Banco Central Europeo (BCE) subió ayer sus tasas de interés y al quebrar una inmovilidad de dos años tomó el liderazgo entre sus pares en la batalla contra la inflación. La tasa refi pasó del 1% al 1,25% (y la tasa marginal de asistencia, del 1,75% al 2%). Si lo prometido es deuda, el BCE canceló puntual su pasivo. ¿Habrá más subas en camino? Consultado su titular, Jean-Claude Trichet, repitió los dichos de marzo. La iniciativa que se ejecutó ayer no presupone la necesidad de otros retoques en cascada. A esta altura, pues, no hay una decisión tomada. ¿Cómo interpretar el mensaje? Como el anuncio de un compás de espera.

De momento, no cabe aguardar una réplica en mayo. El BCE lanza un disparo de advertencia a la silueta de una inflación en alza, no una ráfaga. Antes de volver a gatillar, la idea es tomar un par de meses para evaluar los resultados. Queda claro en las palabras de Trichet, que el banco central «monitoreará muy estrechamente» los acontecimientos que puedan atizar los riesgos inflacionarios. En el código de «señas y palabras clave» que utiliza el BCE ello implica un probable guiño a otra suba en junio (o julio). Pero recién se dirá el mes que viene si esa es, efectivamente, la intención in pectore del Consejo Monetario.

A juzgar por la sostenida fortaleza del euro -contrariando al refrán, no se lo vendió con la noticia- el mercado de cambios está convencido que habrá segunda ronda. ¿Qué repercusiones inmediatas generó la iniciativa? No hubo sorpresa, no hubo temblores. Salvo en Japón. Pero por culpa de una falla geológica, no de la política monetaria que se cuece en Fráncfort. En cambio, Portugal podría haber arruinado la experiencia si después de la suba de tasas se presentaba exhausta en ventanilla a solicitar el auxilio de los fondos de salvamento.

Por fortuna, la presión sobre el primer ministro José Sócrates surtió efecto y Portugal se avino a pedir el rescate un día antes del ajuste de tasas (según el propio Trichet, el BCE también lo «animó» a deponer su resistencia). A la hora de cultivar credibilidad, el orden de los factores altera el producto. Qué mejor imagen de independencia que ver a Portugal postrado y al BCE avanzando igual, imperturbable, en su faena de apretar el cinto.

Ya se dijo antes: cuando el enemigo es la inflación, no hay mejor custodio que el BCE. Y está claro que si el BCE pudiera elegir a qué contrincante demoler también le apuntaría todos sus cañones a la inflación. Sin embargo, que las tasas de interés permanezcan cercanas al 1%, aun después del retoque, recuerda que el problema de fondo está en las antípodas. Y Portugal avisa que no está solucionado. Es sabido que, con toda razón, el BCE pretende defender su autonomía y que sean los Gobiernos los que se ocupen de solucionar los desajustes fiscales y de competitividad, pero ello no lo exime de tener que lidiar con las consecuencias que se derraman de órbitas ajenas a su competencia. ¿Qué tan sólido puede ser el sistema financiero de un país cuyo soberano está al borde de la reestructuración de su deuda? Grecia, Irlanda y ahora Portugal están alojados en una sala de terapia intensiva en la que se entra con facilidad pero de la que ninguno sabe cómo salir. ¿Qué tan sólidos son los demás sistemas financieros de la región en la medida que mantienen una alta exposición cruzada? Si la suba de tasas de interés provoca nuevas grietas y aceita el contagio, la política monetaria deberá hacer un alto (o, inclusive, como sucedió en 2008, revertir su dirección de apuro).

Si se desmorona la mampostería, la inflación dejará de ser el problema. De nuevo, la estabilidad financiera será la prioridad. En marzo Axel Weber, el candidato frustrado a suceder a Trichet, pudo decir: «No veo razones para disentir con las expectativas de tres ajustes en el año que muestran los contratos de futuros». Weber ya tiene el primero de ellos en el bolsillo, para poder acariciar el segundo, será vital que el dominó de la crisis acabe en Portugal.

Si España cae en la vorágine del descrédito, la apuesta habrá salido mal y el cambio de rumbo de la política monetaria entrará en una vía muerta.

La calma de los spreads de riesgo de la deuda española de los últimos meses tiene que haber pesado en la decisión del BCE. Observar que tampoco ayer se encabritaron resulta alentador. Colocar con éxito una subasta de bonos a tres años al 3,568% -levemente por debajo de lo pagado un mes atrás- fue una verónica eficaz. Pero también Portugal, en enero, supo desairar la embestida. Como en toda carrera de fondo, es la resistencia y no la agilidad la que define la historia.

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