• UN REENCUENTRO CON JORGE DE LA VEGA En la galería MCMC se expone una docena de obras de este creador moderno incomparable.
Me quiere, no me quiere. El sinuoso pop en blanco y negro que caracterizó a Jorge de la Vega, figura fundamental de la cultura sesentista y precozmente fallecido en 1971.
Jorge de la Vega nació en Buenos Aires en 1930 y murió a los 41 años; atravesó veloz la efervescencia revolucionaria de la década del 60 y dejó, al partir, una producción crucial para la historia del arte argentino. Hoy, en la galería MCMC, una docena de obras seleccionadas por la curadora Mercedes Casanegra brinda la oportunidad de reencontrar un creador incomparable que supo servirse de múltiples disciplinas. Le faltaban apenas cinco materias para recibirse de arquitecto cuando se convirtió en pintor y, desde esta plataforma pasó al collage; realizó dibujos y grabados, dictó Visión en la UBA; fue autor de historietas, diseñador gráfico y creativo en una agencia de publicidad. En 1968, cuando la pintura presumiblemente había muerto, inició una búsqueda singular: mientras pintaba sus paraísos artificiales creó sus propias canciones, su última expresión artística.
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En la galería, las obras ostentan la llamada "cualidad museo" y pertenecen a las series "Bestiario" y "Pop/psicodelia". En las salas inmaculadas se destacan, intensos, los "Monstruos", un aquelarre de animales fantásticos de pedrería realizados en los primeros años de la década, junto con los "Conflictos anamórficos", figuras que se duplican y encierran un misterio que resiste la interpretación. Los personajes muestran una cara diferente, la identidad se desdoblaba al igual que el célebre gusanito de la canción y, sencillamente, las cosas pueden ser vistas "del derecho y del revés".
Junto a Luis Felipe Noé, Rómulo Macció y Ernesto Deira, De la Vega integró en 1961 el grupo Nueva Figuración que se separó en 1965. Los artistas pusieron al hombre en el centro de universo y se distanciaron para siempre del arte abstracto. Invitado por la Universidad de Cornell, De la Vega marchó en 1965 a EE.UU. La beca Fullbrigth le permitió residir dos años allí, alternando Cornell con Nueva York. Y su obra, ligada siempre a la vida, cambió de un modo radical.
En EE.UU., De la Vega descubre el mundo de las multitudes, los cuerpos que se amalgaman y deforman; los rostros que exhiben sonrisas gelatinosas y estereotipadas de las tandas publicitarias donde las imágenes se suceden veloces y se fragmentan. De la Vega pintó con humor, pero también con cinismo, un Pop con colores artificiales y formas alucinadas como los de "Mr. Músculo" o "Sea usted bienvenido" y, además, un Pop sinuoso en blanco y negro, como el de "Me quiere, no me quiere".
Sus obras exhibían los conflictos de la sociedad de masas, el hedonismo, el hippismo y el consumismo; anticipan las que generaría la tecnología, los medios de comunicación, la alienación y la deshumanización. "De quedarme acá, hubiera seguido con mis monstruitos. Pero Norteamérica es un mundo tan poderoso y artificial que, por contraste, el hombre adquiere relieve. Así que abandoné el collage y me dediqué a pintar la felicidad de los americanos", señala el artista.
A partir de 1968 inició su carrera como cantautor y refiriéndose a su crisis personal, que es en realidad la crisis de la época, Marcelo Pacheco observa: "Fueron años de dibujar historietas, diseñar afiches, trabajar en publicidad, presentar exposiciones y exposiciones-concert, escribir y cantar canciones, editar su disco "El Gusanito en persona" y grabar un segundo aún inédito, de participar de espectáculos musicales en el Di Tella, el Teatro Regina, el SHA y La Fusa, de inventar el nombre del Bárbaro y la Jamonería de Vieytes, de pintar telones y vidrieras..."
"No quiero grises", dice De la Vega cuando expone en el Instituto Di Tella su muestra consagratoria en blanco y negro, visitada por 20.000 personas en tres semanas. Un año antes de morir expone en Carmen Waugh una sola obra de treinta piezas, el legendario Rompecabezas. Canta durante la muestra y recita un monólogo explicando de la pintura y el sentido de su canción.
En 1996, el "Rompecabezas" ingresó en la Colección Costantini. Poco después en la Feria arteBA se vendió "La nigromante", una instalación, por 600.000 dólares. En 2003, el Malba exhibió la mayor retrospectiva de Jorge de la Vega realizada hasta hoy, publicó un extenso catálogo y la editorial El Ateneo acompañó la muestra con un libro exhaustivo.
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