Trump comienza el aterrizaje suave electoral. Wall St. festeja

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• LA BOLSA CONSAGRARÁ EL PERÍODO ALCISTA MÁS PROLONGADO DE SU HISTORIA
Alientan al mercado nuevos récords y negociaciones comerciales en ciernes entre China y EE.UU., con el desenlace de una cumbre en noviembre.

Wall Street se prepara, mañana, para consagrar el mercado alcista más prolongado de su historia, cuyas raíces remontan hasta el siglo XVIII. Y lo hará taloneando al S&P 500 en procura de nuevos récords; el ánimo bravío por las negociaciones comerciales en ciernes entre China y los EE.UU., una clara señal de que ambos líderes necesitan una tregua para cerrar 2018. Y aún si el presidente Trump quisiese subrayar las ventajas que obtuvo en la pulseada -y el jueves le diera vía libre a la aplicación de aranceles sobre el remanente de 16 mil millones de dólares en importaciones chinas que permanecen exentas aunque son parte del paquete inicial de sanciones sobre un universo de 50 mil millones- e, inclusive, si su par Xi Jinping se viera forzado a una idéntica represalia, la idea de una próxima entente tiene firme su lugar. Conste que Wall Street siempre compró la noción de un Trump que forzó el conflicto para gestionar un cambio a su favor de las reglas de juego bilaterales del comercio y la inversión. La hoja de ruta que comenzará a delinearse esta semana -cuando el subsecretario David Malpass (del área del Tesoro, dato clave, y no de Comercio) reciba a la comitiva comercial china- prevé un desenlace cantado: la reunión entre ambos presidentes en noviembre.

La campaña electoral ya comenzó. Y requiere un aterrizaje suave desde la cresta de las trifulcas. ¿Qué ambiciona la Casa Blanca? ¿A sus plantas, en la antesala de los comicios de mitad de término, tener rendido un león? No. Más bien, será un déjà vu de Singapur. En la foto, Xi Jinping en vez de Kim Jong-un, pero el mismo trasfondo. Trump será el narrador: exaltará la figura de China y de su líder, jerarquizando su triunfo; y definirá a gusto los logros obtenidos, "para beneficio mutuo", un avance que todos sus predecesores no quisieron ni supieron conseguir. Tuvo que venir él, con su increíble talento y por fuera de la política convencional, para cortar el nudo gordiano. Podrán, luego, ir a votar en paz.

"Trump arregla con Europa y amenaza más a China", se dijo aquí dos semanas atrás. La "Gran Kissinger" -el acuerdo con la Unión Europea tras el paso de Jean Claude Juncker- puso en jaque a Beijing. Le birló de golpe su principal aliado estratégico, anuló el poder de daño de su represalia más efectiva (por lejos, las restricciones sobre las exportaciones de soja) y la aisló en momentos en que, según la prensa, también se le complica el frente interno a Xi. La respuesta fue rápida. China aplicó un encaje de 20% sobre las operaciones de futuros de divisas. O sea, deslizó una ofrenda de paz en una materia que escandalizó a Trump; que el terreno ganado con las restricciones de comercio se pudiera perder en una paralela guerra de monedas. La realidad era más limitada: Beijing podía dejar que el renminbi se depreciara, pero no a costa de recrear la zozobra cambiaria de 2015 (cuando perdió medio billón de dólares de reservas internacionales y sudó la gota gorda hasta restaurar la estabilidad). Vale transcribir el análisis de dos semanas atrás: "¿Renace la paz en Occidente para que recrudezca la guerra comercial con China? Es posible. Pero, de vuelta, Trump es un hombre de negocios. No es rencoroso (que lo diga Kim Jong-Un). Si China quiere negociar, se sentará a negociar (que es lo que sabe hacer). Las condiciones China las conoce. Y ahora toma nota de una posición estratégica inferior. Circunstancialmente. Que China -y Xi Jinping- comparten con Trump la obsesión por la supremacía, pero tienen algo de lo que Trump carece: todo el tiempo del mundo. No arruinarán sus planes de largo plazo por un accidente en el camino".

Para Wall Street, y para el mundo, y llegado el caso, para los emergentes, queda la sensación de alivio. Y la promesa inclusive del pertinente rally (recordar lo que fue la saga que culminó en la reunión de Singapur; se la anunció, se complicó, se la canceló, y recién luego se la resucitó). Si Trump empieza a cerrar disputas -se rumorea un acuerdo inminente con México por el Nafta (aunque no con Canadá)- será mejor para los que hoy no la pasan bien. Y también la Fed de Powell lo agradecerá. Que no es sencillo usar las tijeras de podar mientras a uno le agitan tanto la ligustrina.

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