6 de septiembre 2017 - 00:00

Trump dejó a casi 800 mil jóvenes inmigrantes al filo de la deportación

Beneficiaba a quienes llegaron de niños sin papeles a EE.UU., conocidos como “soñadores”. El tema es sensible, pero el presidente privilegió el rechazo de buena parte de su base electoral al ingreso de extranjeros. El Congreso deberá elaborar una ley alternativa antes de marzo.

Duro. El fiscal general (secretario de Justicia) de EE.UU., Jeff Sessions, un cruzado contra la inmigración, fue ayer el encargado de anunciar el fin del programa que protegía a los inmigrantes jóvenes.
Duro. El fiscal general (secretario de Justicia) de EE.UU., Jeff Sessions, un cruzado contra la inmigración, fue ayer el encargado de anunciar el fin del programa que protegía a los inmigrantes jóvenes.
Washington - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso ayer fin al plan conocido como DACA, anunciado en 2012 por su predecesor, Barack Obama y que protegió de la deportación a unos 800.000 jóvenes indocumentados, aunque la suspensión se hará efectiva dentro de seis meses para forzar al Congreso a encontrar una alternativa.

El anuncio, tras varias semanas de deliberaciones, supone un fuerte golpe para la comunidad inmigrante, especialmente porque fue retratado por la Casa Blanca como una decisión que prioriza los empleos y la seguridad de los "trabajadores estadounidenses".

"Antes de preguntarnos qué es justo para los inmigrantes ilegales, debemos de preguntarnos qué es justo para las familias estadounidenses, para los estudiantes, para los contribuyentes y para los que buscan empleo", consideró Trump en un comunicado distribuido por la Casa Blanca.

El mandatario, sin embargo, aseguró que siente "gran amor" por los soñadores y prometió encarar "con corazón y compasión" la situación de los miles de indocumentados que se beneficiaron del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) y pudieron frenar su deportación, obtener un permiso temporal de trabajo y, en algunos estados, un registro para conducir.

"Como dije antes, resolveremos el tema de DACA con corazón y compasión, pero a través del proceso democrático legal, mientras al mismo tiempo nos aseguramos de que cualquier reforma migratoria que adoptamos ofrece beneficios duraderos para todos los ciudadanos estadounidenses", destacó.

"Debemos tener corazón y compasión para los estadounidenses desempleados, que luchan y fueron olvidados", añadió el presidente, en un claro guiño a su base de clase trabajadora.

La decisión provocó un terremoto político y hubo indignadas protestas frente a la Casa Blanca, en Washington, y la Torre Trump, en Nueva York, entre otros lugares.

Javier Palomarez, presidente de la Cámara de Comercio Hispana- estadounidense, anunció su renuncia al Consejo por la Diversidad de la Casa Blanca.

El Partido Demócrata, con sus miembros hispanos en primera línea, y las asociaciones de defensa de los inmigrantes y de los derechos civiles condenaron una decisión que incluso miembros del Partido Republicano de Trump habían pedido evitar.

Pese a eso, el magnate cumplió con una de sus principales promesas de campaña y atendió el llamado de los fiscales generales de nueve estados conservadores, encabezados por Texas y que habían amenazado con interponer ayer mismo una demanda contra el Gobierno si no derogaba el programa.

La decisión de Trump no entrará en vigor hasta el 5 de marzo de 2018, dentro de seis meses, período en el que el Congreso, el único con poder para cambiar el sistema migratorio, debe encontrar una solución para regularizar la situación de los jóvenes indocumentados, conocidos como "soñadores" ("dreamers").

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, que la semana pasada le había pedido a Trump mantener DACA, anunció ayer que buscará consenso con los líderes del Senado para aprobar una ley migratoria, un proyecto que fracasó en anteriores ocasiones debido a los desacuerdos entre demócratas y republicanos.

Actualmente, el Congreso está debatiendo diferentes propuestas migratorias, entre las que destaca un proyecto legislativo que consiguió el respaldo de Trump y que propone reducir a la mitad el número de inmigrantes que consiguen la residencia permanente, permiso conocido como "green card" (tarjeta verde).

Hasta que se apruebe una ley, aquellos que están inscritos en el programa DACA podrán usar sus permisos de trabajo hasta que expiren, pero si esos permisos caducan antes del 5 de marzo, entonces deben renovarlos antes del 5 de octubre, según informó hoy el Departamento de Seguridad Nacional, con competencias en inmigración.

Mientras tanto, los agentes fronterizos seguirán dando prioridad a la deportación de aquellos inmigrantes con antecedentes penales, por los que los "soñadores" tendrán en los próximos meses el mismo trato que habían recibido hasta ahora por las autoridades migratorias, según dijo el propio Trump en su comunicado.

El encargado de anunciar el fin de DACA no fue Trump, sino su fiscal general (secretario de Justicia), Jeff Sessions, uno de los miembros del Ejecutivo con posiciones más duras en inmigración.

Sessions se encargó de evaluar la legalidad del programa y concluyó que era "inconstitucional" porque Obama había abusado de su poder ejecutivo, unas conclusiones que transmitió ayer a la secretaria en funciones del Departamento de Seguridad Nacional, Elaine Duke.

Duke rescindió ayer el memorándum que creó DACA el 15 de junio de 2012 y, con esa acción, el programa quedó en suspenso.

Agencias EFE, Reuters, AFP, DPA y ANSA

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