14 de diciembre 2012 - 00:00

TURISMO: Un peregrino busca una foto papal

TURISMO: Un peregrino busca una foto papal
En A Roma con amor, Woody Allen se valió de todos sus clichés y de cuatro historias paralelas para maravillarnos con la capital italiana. Los sindicalistas argentinos mostraron a lo largo de la historia una fascinación similar, pero relacionada no sólo con las bellezas naturales y arquitectónicas de la ciudad sino, sobre todo, con la cercanía al poder eclesiástico. El mes que viene, el metalúrgico Antonio Caló podrá sacarse la ansiada foto besando el anillo de Benedicto XVI, la misma que unos pocos dirigentes de la CGT pueden exhibir en las paredes de sus despachos.

La audiencia, que como es usual no pasará del saludo protocolar y beso al anillo del Papa, fue gestionada por el taxista Omar Viviani, protagonista de frecuentes viajes a la península itálica y de relación fluida con el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales en la Santa Sede y otrora hombre fuerte del papado de Juan Pablo II. Quienes conocen a Viviani cuentan que desde hace años cultiva esa relación casi con tanta pasión como sigue el ritmo de algunos negocios gastronómicos en los que tiene particular interés en Roma.

El Tano no es el único ni el primero de los miembros de la CGT oficial abocado a la tarea de aceitar los vínculos con la jerarquía de la Iglesia Católica. Con más años incluso en esa labor está Horacio Ghilini, del sindicato de docentes privados (SADOP). Ambos dirigentes fueron en los 90 nexos fundamentales de Hugo Moyano con la cúpula eclesiástica local, así como Juan Carlos Schmid (Dragado). El camionero, de fe evangélica pentecostal, no tuvo más remedio que delegar en esos dirigentes las tratativas con la Conferencia Episcopal Argentina y la Pastoral Social.

De esas gestiones surgió un acuerdo, a principios de la década pasada, que en medio de la caída del Gobierno de la Alianza buscaba sostener algún resabio de institucionalidad y al mismo tiempo imponerle a Fernando de la Rúa condiciones de gobernabilidad. Lo encabezaron entonces Moyano, José Ignacio de Mendiguren (en ese momento y ahora presidente de la Unión Industrial Argentina), y hombres de la Iglesia como José María Arancedo, Raúl Primatesta, Estanislao Karlic y Jorge Casaretto.

El vínculo entre Moyano y Primatesta era alimentado por el portavoz de la Pastoral Social Guillermo García Caliendo, quien salió eyectado de ese cargo en 2001 luego de haber participado con el camionero en un acto en la Plaza de Mayo, un año antes, en el que el sindicalista llamó a la desobediencia fiscal.

Hasta la CTA tiene sus nexos con las más altas jerarquías del catolicismo. Entre 2003 y enero de 2008, la central alterna tuvo el curioso privilegio de haber ubicado a un hombre de sus filas como embajador ante el Vaticano. Carlos Custer, sindicalista de la ATE. Éste llegó a ese cargo por la preferencia inicial que exhibió Néstor Kirchner, apenas asumió la presidencia, a favor de la CTA, y los vínculos que había tejido Custer con Luiz Inácio Lula da Silva.

Los cristianos del movimiento obrero tienen en común sus carnets de afiliación al día en la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), ambas de orientación católica, que les garantizan viajes a conferencias internacionales.

Caló podrá sumarse el 23 de enero a un listado corto de jefes de centrales obreras fotografiados con un papa. En 1998, Rodolfo Daer, y hace una década Víctor De Gennaro, tuvieron su instantánea con Juan Pablo II. El metalúrgico será el primero en sacarse una con Benedicto XVI y renovar así una histórica tradición de la UOM como gremio devoto.

@marianoemartin

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