31 de julio 2017 - 00:24

Última milla para las PASO: Carrió, timbreo light y el PJ en crisis

• EJERCICIOS DE CAMPAÑA QUE ADELANTAN EL FUTURO POLÍTICO
Partidos sin tiempo para cambiar estrategias. Vidal y la chaqueña tutoras de candidatos que eligió otro. Cristina y el PJ que no quiere nacionalizar.

Elisa Carrió y Cristina de Kirchner.
Elisa Carrió y Cristina de Kirchner.
La nacionalización de las PASO del domingo 13 ya es un hecho. Habrá tres resultados por analizar: la suma de votos de Cambiemos en todo el país; la cantidad de legisladores que logre; y la situación en la que quedará el peronismo. En primera fila de la agenda poselectoral aparece una consecuencia (se estima que no querida por el macrismo) que pedirá tratamiento inmediato tras las PASO o las de octubre, según indiquen las urnas: la renegociación de la relación entre el PJ y la Casa Rosada. Esos caminos se transitaron con bastante maestría durante el año y medio que pasó y ahora la impericia o genialidad de la estrategia política que siguió el oficialismo para estas elecciones, según sea el resultado, quizás obligue a rediseñar las reglas. Por delante le quedan al país dos senderos posibles para esa relación: una negociación con el peronismo que tiene cabeza en cada gobernador y cacique provincial y que, salvo excepciones, responde a lógicas más o menos realistas, o un regreso a la puja con el populismo demagógico al que nos acostumbraron los PJ varios en la última década. No es un dilema menor.

Mientras tanto, hay ejercicios de campaña dentro de Cambiemos y el peronismo que conviene repasar. Veamos.

El Gobierno miró el fin de semana los números que fueron aportando consultoras contratadas por uno u otro lado. Como sucede siempre, cuanto más se acercan las elecciones, menor va siendo el maquillaje que se les pone a esas obras. Quizás Raúl Baglini sea la única persona en estas tierras capaz de elaborar un teorema coherente que explique esa dinámica del negocio de las encuestadoras. De ahí que cada vez haya menos diferencia en las proyecciones de uno u otro, lo que no significa que aumente su grado de certeza. Como sea, hay una tendencia que parece confirmarse: alimentar a Cristina de Kirchner como sparring privilegiada en esta elección quizás haya sido una operación demasiado riesgosa para el macrismo. Lo dice este diario desde hace un mes y el fin de semana el tema estuvo presente en todos los comentarios políticos.

El peronismo de todo el país no dio muestras hasta ahora de querer modificar el estatus de su relación con la expresidenta, que es casi nula. Eso no significa que tengan claras algunas cuestiones. Para el Gobierno, una cosa es tener a Cristina de Kirchner afuera del recinto del Senado y negociar con el PJ la votación de leyes necesarias (sucederá con temas impositivos y fiscales después de octubre) y otra tenerla sentada en una banca. Miguel Pichetto no controla absolutamente todo el bloque PJ, pero como gerente ha hecho una buena administración de ese grupo, incluyendo a los más díscolos. El resultado fue un horizonte de gobernabilidad aunque en disidencia que el país hacía tiempo que no veía, siempre acostrumbrado la obediencia debida que el kirchnerismo mostró en el Congreso. Con Cristina de Kirchner en una banca, acusando de traidores a los suyos que se animen a negociar con el Gobierno, la situación podría ser distinta.

Esto no significa decir que la carrera política de la expresidenta esté garantizada a futuro; quizás todo lo contrario, pero el impulso alcanzó para que la legislativa se transformara en una nacional.

Elisa Carrió se encargó de cuestionar de nuevo a Jaime Durán Barba en los últimos días precisamente por esa decisión de privilegiar la polarización. El ecuatoriano también es el padre, entre otras cosas, de haber recomendado ir adelante con la sesión para expulsar a Julio De Vido de la Cámara de Diputados. Otro tema para poner en el checklist de la estrategia poselectoral.

¿Qué puede hacer el Gobierno entonces en lo que resta de campaña? La tarea de Carrió y María Eugenia Vidal parece titánica por estos días. Cada una, en conjunto o por su lado, tiene que salir a caminar la provincia de Buenos Aires casi en rol de muleta salvadora de los candidatos que eligió el macrismo en cada categoría. Tal es el esfuerzo para la chaqueña (no debe olvidarse aquí que entre los justificativos para su paso a la puja porteña estuvo el cansancio y su estado de salud) que ya se piensa en inventarle una nueva categoría de candidata por el AMBA, una especie de SAME político que sale a salvar al macrismo de sus propios errores.

El pase de Carrió a la Capital, por otro lado, parece cada día más inútil, habida cuenta que el peligro que se pensaba encarnaba Martín Lousteau se fue esfumando rápidamente en las últimas semanas.

El macrismo ha decidido que el timbreo es su camino; casi un modo de vida, como definen dirigentes y candidatos cuando explican el placer que les produce calzarse botas y jeans los fines de semana y largarse a tiritar de frío por el conurbano.

Salen en ese tren a la búsqueda de votos que cada vez tienen un nicho más definido. El voto a Cristina de Kirchner tiene una rigidez que el Gobierno ya testeó y sabe que será casi imposible de perforar. Por eso preocupa si la intención a favor de la expresidenta sube. No parece el timbreo una herramienta eficaz para eso, sino el uso de otros modos más concluyentes que el peronismo siempre supo utilizar, sobre todo en el conurbano más pobre.

La izquierda y Sergio Massa pueden ser también canteras para el voto que busca el Gobierno. La izquierda acaba de dar pruebas de que está dispuesta a suicidarse antes que darle la razón a Mauricio Macri en algo. Lo mostró con la votación sobre De Vido. Fue otra prueba de por qué esos partidos siempre están donde están en la Argentina.

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