9 de diciembre 2015 - 00:33

Un asesino serial que atemorizó a toda Colombia

Fredy Armando Valencia tiene 34 años. Se lanzó a vivir en la calle cuando tenía apenas 19. Si bien se había recibido de bachiller y había comenzado a estudiar ingeniería, sufrió un duro golpe cuando, tras la muerte de su madre, la novia, con quien había convivido, lo dejó por otro. Por alguna razón inexplicable, este hombre se transformó en un horroroso asesino en serie que, por estos días, conmueve al mundo.

La historia del colombiano Valencia ganó las tapas de los principales diarios del mundo. Su caso es seguido de cerca por los criminalistas más afamados, mientras la Policía Nacional de Colombia sigue encontrando cadáveres de mujeres enterrados debajo de la maleza que cubre un emblemático cerro del Oriente bogotano. Se lo conoce como "el monstruo de Monserrate".

Monserrate es una montaña de más de 3 mil metros que, en la cima, tiene un antiguo santuario-iglesia, que es una de las postales más conocidas de Bogotá. Estos cerros, con vegetación cerrada, suelen esconder personas que viven en la calle, que construyen improvisadas casillas y se dedican a la recolección de residuos.

El 28 de noviembre pasado, un grupo policial realizó un rastrillaje de rutina y preventivo en las laderas del cerro. Vieron bolsas de residuos y un perro que escarbaba buscando algo para comer. Revisaron y hallaron restos humanos. Llegaron los criminalistas y excavaron: encontraron, en las primeras horas, siete cadáveres enterrados. Después aparecerían otros dos cuerpos, aunque aún buscan porque podrían ser muchos más.

Horas después, en el centro de Bogotá detuvieron a Fredy Valencia, quien deambulaba "cirujeando" por las calles. No tardó en contar todo, o casi todo lo que había hecho en estos años.

La mecánica era siempre la misma: primero buscaba alguna mujer que, en un barrio céntrico conocido como "El Bronx", estuviese en situación de calle y fuese víctima de alguna adicción, lo que le garantizaba que no tuvieran familiares y allegados que denunciaran la desaparición. Valencia les ofrecía todo: comida, agua caliente y drogas. Las llevaba al cerro, donde, según sus propias palabras, "las trataba como princesas". Pero después las mataba estrangulándolas, las violaba y descuartizaba los cuerpos para enterrarlos en el mismo terreno donde vivía. Cabe destacar, tal como se mencionó en la secuencia de los hechos, primero las mataba para después cometer el abuso sexual.

Tal como han hecho muchos asesinos seriales, Valencia habló con periodistas para justificarse. En una entrevista con el prestigioso periódico Semana de Colombia, aseguró: "Yo vivía con mi papá, mi mamá y mis hermanos. A mí me molestaban mucho en el colegio y todo el tiempo decían: `No se metan con Valencia, no jueguen con Valencia`. Eso pasaba principalmente con las niñas. Ellas me molestaban mucho. Un día, cuando yo tenía 8 años, unas niñas me bajaron la pantaloneta (joggins) y quedé mostrando mi miembro". También contó que su padre los abandonó para irse con otra mujer.

En la confesión, Valencia recordó que fue víctima de un robo, cuando tuvo 26 años y ya estaba en la calle, que lo mantuvo internado muy grave y le dejó heridas visibles. Cuando salió ya no era el mismo: empezó a matar mujeres.

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