La medida entrará en vigor el 1 de enero de 2018 y provocará que el fisco estadounidense deje de recaudar un billón y medio de dólares en la próxima década.
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La parte medular de la iniciativa es la relacionada con el recorte de impuestos para las grandes empresas: la tasa corporativa baja del 35% actual al 21%, y la esperanza de que se traducirán en más empleos y salarios más altos.
Trump quería que la baja fuera al 20%, pero finalmente accedió al 21% debido a reglas del Congreso que no permiten aprobar una ley de impuestos que incremente el déficit por más de 1,5 billones de dólares en un plazo de diez años.
La normativa recortará los gravámenes para un 95% de los contribuyentes, el próximo año, pero, en promedio, la disminución para personas de mayores ingresos exceden con creces los que disfrutarán personas de menores ingresos, según el Tax Policy Center.
Para estados como Nueva York, Nueva Jersey, Illinois y California se acabó la deducción ilimitada de impuestos a la renta estatales y locales y a la propiedad. El límite es de 10.000 dólares, lo que podría afectar los precios de las viviendas.
Otro riesgo es el limite deducible de los intereses de la hipoteca: 750.000 dólares: los dueños de viviendas en estados con altos impuestos ahora tendrán una mayor carga.
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