29 de marzo 2010 - 00:00

Un cambio inexplicable

El momento en que Martín Palermo le comunica su disgusto, por haber salido, a Abel Alves, que lo mira fijamente. El goleador vio los últimos 20 minutos desde el banco de suplentes.
El momento en que Martín Palermo le comunica su disgusto, por haber salido, a Abel Alves, que lo mira fijamente. El goleador vio los últimos 20 minutos desde el banco de suplentes.
Ya perdía 2 a 1 y el equipo no transmitía más que incertidumbre. Boca estaba con diez hombres por la expulsión de Muñoz en la jugada del penal que terminó en el segundo gol de Chacarita. Ya había ingresado Mouche por Gaitán, de pobre rendimiento pero que terminó dejando el campo con un corte en el arco superciliar izquierdo. Pero cuando el cuarto hombre levantó el cartel con el número 9, se sabía que no iba a ser un cambio más. La decisión de Alves de poner a Viatri en lugar de Martín Palermo alguna consecuencia iba a traer aparejada, y no se hizo esperar mucho. Cuando el goleador que aportó 218 goles para la gloria del club llegaba al banco de suplentes fue claro con sus palabras: «¿Para qué me sacás si vamos perdiendo?».

Hasta ahí el centrodelantero no había tenido una de sus mejores tardes, pero evidentemente, su presencia inquietaba a la defensa de Chacarita. No fue la primera vez que Alves prefiere jugar con otro en el centro del ataque (Atlético Tucumán) y los rumores de querer prescindir de Palermo para el clásico ante River no fueron un invento periodístico. «No inventemos polémicas, saqué a Palermo porque estaba cansado». Eso seguro, cansado.

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