En la Nochebuena de 1971, Charles Chaplin de 82 años, al encender la luz de un cuarto encuentra a la Muerte sentada en un sillón, viene a llevárselo. Como su hijo Christopher tiene 9 años y siente que lo necesita, y quiere verlo crecer, le hace la apuesta a la Muerte que si le hace reír, lo deja vivir hasta la Navidad siguiente. Y así, gracias a sus antiguas suertes de payaso descuajeringado, ahora reforzadas por la decadencia física, Chaplin recibe 7 veces la visita de la Parca, y haciéndola reír logra sobrevivir hasta el 28 de diciembre de 1977.
Durante esos años piensa en la carta en donde le ha de contar su vida para que su último hijo sepa qué tipo de hombre fue su padre. Esa carta es la que liga el primer y sexto rollo (los capítulos del libro tienen la característica de los "rollos", es decir la mínima duración de las películas cinematográficas, el de las típicas de los "cortos" del cine cómico en blanco y negro de los comienzos del cine).
Stassi busca recuperar la historia del quien ha sido considerado "el cómico más grande del siglo XX". Confiesa que su "intención era darle un ritmo musical, orquestarla en cuatro movimientos: allegretto, adagio. Andante con variaciones y final, pero no me ha salido más que una pequeña balada de cosas patas arriba. La aventura que cuento es imaginaria, aunque contenga muchas cosas verdaderas". A confesión de parte, relevo de prueba.
Cabe preguntarse por qué si Chaplin publicó en 1964 "Mi autobiografía" necesita ofrecerle 13 años después a su reconocido décimo hijo una versión no diferente de la de ese libro donde contaba de las personalidades de las época que lo habían frecuentado, las reuniones sociales en donde había estado con gente muy prestigiosa, la crónica social de sus relaciones e intereses, sus gustos literarios, sus ideas progresistas, y muy poco sobre sus producción cinematográfica.
Stassi le da otra vida a Chaplin lejos de la que realmente tuvo a partir de su última película, "Una condesa de Hong Kong", donde entró en un progresivo deterioro cognitivo y a ser trasladado en silla de ruedas por su esposa O'ona O'Neill. Resulta un tanto cruel la reiteración de los encuentros navideños de Chaplin con la Muerte, dado que había prohibido en su casa celebrar la Navidad porque le recordaba la extrema pobreza que había sufrido en su infancia. Se podría sospechar que Stassi buscó reproducir en sus capítulos las comedias lacrimógenas que dieron el éxito a Chaplin en el cine, las que lo llevaron a ser actor, cómico, guionista, compositor, productor y director, fundar la mítica compañía United Artist, y finalmente obtener un Oscar Honorario y, dado que era "el más grande actor cómico inglés" ser nombrado Sir por la reina Isabel II.
A Chaplin se lo recuerda por los largometrajes "La quimera del oro", "Tiempos modernos", que suelen ser mencionadas entre las diez mejores películas del siglo XX, y "El gran dictador" que se agrega por su trascendencia política de sátira al nazi fascismo. Stassi en su efectista y conmovedor relato del pícaro buscavidas que fue de estar en situación de calle a a ser el actor mejor pagado y al final dorado exilio en Suiza, no se priva de guiños literarios, agrega a Chaplin amigos como el boxeador de "Mr Vértigo" de Paul Auster, el circo de "Austerlitz" de W.G.Sebald, el viejo payaso Coluccino de "Una sombra ya pronto serás" de Osvaldo Soriano. Con "El último baile de Charlot", que ha sido traducido a 18 idiomas, Stassi ganó el Premio Sciascia Racalmare, Premio Cave City, Premio Alassio y fue finalista del Campielllo 2013.
Cuesta hoy, en el siglo XXI; sonreír con aquel personaje patético que entre nosotros se llamó Carlitos, y que algunos vieron como "el emblema de los padecimientos, dificultades, luchas de los inmigrantes, de los desamparados, de la pobre gente humilde y humillada por la realidad del mundo", que tanto indignaba al Jorge Luis Borges crítico cinematográfico que lo consideraba con impiadoso escarnio "uno de los dioses más seguros de la mitología de nuestro tiempo", cuyas historias era "una lánguida antología de pequeños percances, impuestos a un historia sentimental" cuya "carencia de realidad sólo es comparable a su carencia, también desesperante, de irrealidad. Si bien declaraba que Chaplin "como cineasta es una porquería", finalizaba "consigno mi esperanza demasiadas veces satisfecha- de no tener razón". Sobre gustos del pasado, queda ahora mucho por escribir tanto desde la estética como de la sociología.
| M.S. |



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