16 de mayo 2018 - 00:00

Un clérigo que incomoda tanto a EE.UU. como a Irán se perfila como nuevo líder en Irak

Bagdad - El jefe nacionalista chiita Moqtada Sadr lanzó ayer las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno en Irak tras unas elecciones legislativas que resultaron en un rechazo de la clase política, inamovible desde la caída de Sadam Husein en 2003.

Los iraquíes, que se abstuvieron el sábado masivamente y los que votaron llevaron al primer lugar a dos listas de marginales de la política, enviaron un mensaje claro: se necesitan "nuevas caras".

La lista del clérigo Sadr, aliada con comunistas, se impuso, según los resultados casi definitivos, seguidos por la de los exmiembros del Hashd al Shaabi, milicianos que tuvieron un papel crucial en la lucha contra los yihadistas. Ayer, el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, que buscaba la reelección, felicitó a Sadr.

El líder nacionalista parece, por lo tanto, en buena posición para decidir la forma que tendrá el próximo Gobierno.

No obstante, las nuevas negociaciones se anuncian complicadas dado que las dos potencias presentes en Irak, Estados Unidos e Irán, se enfrentan en otro terreno luego de que Washington decidiera no cumplir con el acuerdo nuclear sellado con Teherán.

Además, la personalidad y la trayectoria de Moqtada Sadr plantea problemas para los dos países.

Los estadounidenses recuerdan en efecto a su poderosa milicia, contra la que combatieron tras la invasión de Irak en 2003. Mientras que los iraníes no olvidan las posiciones antagonistas que este descendiente de dignatarios religiosos, respetados opositores, tomó regularmente, como su visita al enemigo de Irán, Arabia Saudita.

En 2014, el primer ministro saliente Al Abadi llegó al cargo porque Estados Unidos e Irán lograron ponerse de acuerdo sobre este político chiita.

No obstante, el secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, dijo ayer que Washington respeta el resultado electoral.

Agencia AFP

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