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Un debate condicionado por los aportes de campaña
En un anuncio de televisión emitido en las últimas horas, la todopoderosa organización acusa a Obama de ser un «hipócrita elitista» por no tomar en serio su propuesta de colocar guardias armados en las escuelas cuando sus propias hijas gozan de la protección (armada) del servicio secreto.
El anuncio supone un ataque en toda regla no ya sólo por el insulto al mandatario, sino por el uso de sus hijas, Sasha y Malia, cuando hay una norma no escrita por la que los vástagos de los presidentes no son arrastrados a las luchas políticas.
El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, no se mordió la lengua y ayer por la tarde calificó el anuncio de «repugnante y cobarde».
Desde el podio donde Obama presentó sus iniciativas para reducir la «epidemia de violencia» de las armas en el país, donde se calcula que hay unos 300 millones de armas de fuego, casi tantas como habitantes, el mandatario no respondió personalmente al ataque. Pero sí advirtió una y otra vez de los «lobbies» que, afirmó, están dispuestos a poner todas las trabas posibles para impedir que progresen sus principales iniciativas en la materia -reinstauración de la prohibición de armas de asalto, prohibición de cargadores de más de diez balas y «universalización» de los controles de antecedentes de los compradores de armas-, que requieren de una ley aprobada por el Congreso.
«Habrá críticos y políticos y cabildeos representando intereses especiales que advertirán públicamente de un asalto tiránico contra la libertad y que entre bastidores harán todo lo que puedan para bloquear cualquier reforma de sentido común para asegurarse de que no cambia nada», alertó Obama.
Y no parece andar errado. La prohibición de armas de asalto expiró en 2004, sin que nadie desde entonces, incluido hasta ahora el propio Obama, haya hecho esfuerzo alguno para renovarla. Y eso que fue una de las promesas de campaña de su primer mandato y que hasta el entonces presidente mexicano, Felipe Calderón, se lo pidió reiteradamente.
Uno de los principales motivos: la enorme influencia de la NRA en los pasillos del Capitolio.
Diversos medios -la ANR también ha acusado a buena parte de la prensa nacional de «desinformar» en la materia- recordaban estos días el gran número de legisladores tanto de la Cámara baja como del Senado que recibieron «donaciones» de campaña por parte de la organización de armas el año pasado: un total de 271 candidatos, 28 demócratas y 243 republicanos, según The Washington Post.
Y otro dato más de la influencia de la ANR: casi el 80% de aquellos apoyados por el poderoso lobby se hizo con un escaño, bien en la Cámara de Representantes o en el Senado.
Algo que explica que el Congreso no actuara ni siquiera cuando una de las víctimas de una de las recurrentes matanzas que se producen en el país fuera una de los suyos, la ahora excongresista demócrata Gabby Giffords, quien fue blanco de un intento de asesinato en 2011 que la dejó gravísima con un disparo en la cabeza y que les costó la vida a otras seis personas, incluida una niña.
Ya entonces surgieron las voces pidiendo que el Congreso aprobara al menos la prohibición de cargadores de alta capacidad, propuesta ahora renovada por Obama, sin que tuvieran eco legislativo alguno.
La primera reacción al reclamo de Obama a una acción «inmediata» del Congreso fue también más que templada.
El diario on line Politico citó a un portavoz del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, según el cual primero se «revisarán» las propuestas, sin comprometerse a ninguna acción. El propio Boehner, por lo general bastante locuaz en redes sociales como Twitter, mantenía hasta anoche un marcado silencio. The New York Times entretanto advertía de los riesgos que para Obama implica atreverse a tocar un tema hasta ahora casi tabú.
«Si el ambicioso paquete legislativo se encalla en el Congreso, Obama tendrá que decidir cuánto capital político gasta en ello. Si los legisladores se niegan a aprobar ninguna gran ley de control de armas, muchos acusarán a Obama de ello», consideró.
Y el peligro no acaba, agregó el rotativo, ni siquiera si el mandatario logra salirse con la suya. «Obama no se enfrenta a otra reelección. Pero su agenda más amplia y su legado dependen de la supervivencia de los demócratas en el Congreso, y algunos de ellos podrían ser vulnerables a las críticas de los dueños de armas en los próximos comicios».
Agencia DPA


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