Un desayuno americano

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Una cuarta fecha que se venía inclinando peligrosamente hacia la baja -malos datos económicos de EE.UU.- también debía asumir el impacto por los sucesos en Libia. No se sabrá nunca si esto actuó de disparador para que la Fed resolviera colocar unas pesas en el otro platillo, pero lo concreto es que en el NYSE (generando la lógica onda expansiva) aterrizó la nueva ronda de estímulos. Novedad de suma relevancia, cambiando el orden natural en medio de un desarrollo -éticamente deplorable-, pero dejando competidores afuera. Así fue que Europa se movió en la atmósfera previa, todos quedando en baja, por la diferencia horaria, mientras los americanos se servían los manjares alcistas hasta atragantarse. Un Dow Jones trepando el 1,3% (sin importarle lo de Libia), que se transformó en un condimento picante para el Bovespa hasta marcar un 3,4% de alza. Finalmente, la relación de variables en nuestro recinto, que tuvo su jornada de gloria. Porque más allá del avance del 3% en las 12 principales, por encima de haber trasvasado los 2.500 puntos, el gran estruendo del día provino de un monto negociado que alcanzó los $ 66 millones efectivos en acciones (con $ 464 millones hechos en «cauciones»).

La disparidad entre las puntas del Merval informa sobre el fuerte cambio generado desde la Fed, porque el mínimo de la fecha estuvo en 2.437 puntos, que después tomó rumbo a las alturas y para alcanzar esos 2.508, que fueron máximo y cierre. Así, en semana que poseía todo el escenario brumoso en su primera rueda, las sucesivas novedades la convirtieron en la más efectiva -y divertida- en mucho tiempo. Todas las cartas ya han sido dadas vuelta. La Bolsa, jugando.

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