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Un desplome engañoso

En primer lugar, destacar el carácter extraordinario de los resultados del año pasado, que determinan cada una de las caídas interanuales. En nuestro país, el parque automotor se duplicó en la última década, y supera actualmente los 12 millones de vehículos en circulación. En particular, en 2013 se transfirieron un total de 963.917 unidades, lo cual se constituyó en un récord histórico. Resulta necesario mencionar que tal nivel de ventas implica una tasa de renovación automotriz del orden del 8,02%, esto es, casi el doble de la rotación promedio de las principales economías que mantienen una relación en torno al 4,5%. Con todo, un interrogante a futuro es la posibilidad real de sostener los crecimientos en la producción, acotados al consumo local. Esto agrega una dimensión extra al análisis, y requiere señalar varios elementos:
• Surge la necesidad de potenciar las exportaciones para mantener la producción, y la consecuente generación de trabajo cualificado. La Argentina es el 19° productor mundial de vehículos, lo que representa 2 unidades fabricadas cada mil habitantes. Son pocos los países del mundo que tienen una industria significativa en este rubro, por lo tanto nuestro país tiene que poner en valor su inserción internacional, potenciando el considerable know how adquirido.
• Se debe lograr una mayor integración vertical de los procesos productivos al interior de nuestro país. Esto se vislumbra con claridad en el amplio déficit comercial en concepto de autopartes, que incluso supera el resultado positivo del intercambio de unidades terminadas. En época de escasez de divisas, en 2013 se aplicaron por este concepto más de u$s 2.700 millones.
Se escuchan a diario predicciones apocalípticas sobre el devenir del sector. Es importante poner en debate las responsabilidades de cada uno de los actores para poder trazar un mapa más preciso sobre la merma registrada. Gerentes de las principales compañías ponen la mira en la devaluación, los impuestos internos y la inflación, como únicos causales del declive. No obstante, su diagnóstico reduce las complejidades de la coyuntura y sesga la realidad en diversas formas:
• El traspaso del porcentaje de la devaluación de enero sobre los precios fue superior a la devaluación misma. Por ende, las terminales y concesionarias especularon con la incertidumbre cambiaria.
• Los impuestos internos sólo afectan algo más que el 4% de los vehículos en concesionarias, los cuales son en su gran mayoría importados y de alta gama.
• El contexto de elevado aumento de precios lejos está de afectar las ventas del sector. En la economía argentina, la adquisición de bienes durables, como los autos, se erige como una de las opciones de inversión habituales ante entornos inflacionarios. Ante la falta de instrumentos de inversión de uso extendido, las personas se vuelcan a los bienes.
En economía suele decirse que los empresarios son siempre proclives a tomar las ganancias, pero socializar las pérdidas. El fuerte lobby observado en las últimas semanas para que se eliminen los impuestos internos, responde a tales propósitos.
Mientras tanto, el Gobierno nacional está cerrando el otorgamiento de créditos blandos a las terminales, para apuntalar la inversión y mantener los puestos de trabajo. A las claras está de qué lado se busca promover la producción y de qué lado se intenta especular, después de un año de ingentes utilidades.
(*) Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP).


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