Rafael Nadal perdió ante el sueco Robin Söderling por 6-2, 6-7, 6-4 y 7-6, y provocó la gran sorpresa de Roland Garros. Hoy juega Del Potro
De repente, la máquina se detuvo. Sin dar previo aviso o síntomas de mal funcionamiento, ese relojito que parecía estar perfectamente aceitado se paró y generó asombro en París y en el resto del mundo. Nadie lo podía creer. Ni siquiera él mismo, Rafael Nadal, el hombre que rompía récords en cada ronda: primero llegó a las 29 victorias consecutivas y superó las 28 conseguidas por el mítico Bjorn Borg. El mallorquín no sabía de perder en el Abierto francés desde su debut en la edición de 2005.
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«No hay dos sin tres», reza el refrán español. Sin embargo, en esta ocasión, el número uno del mundo mordió el polvo naranja en octavos de final de Roland Garros, certamen en el que defendía el tetracampeonato y en el que no perdía cuando se coronó por primera vez, en 2005. El culpable fue el sueco Robin Söderling, número 25 en el ranking de la ATP, quien, contra todos los pronósticos, le ganó por 6-2, 6-7 (2), 6-4 y 7-6 (2) en 3 horas y 30 minutos de juego.
«Hoy (por ayer) no estuve bien y por eso perdí. No voy a poner ninguna excusa. Jugué corto y no fue mi día», sintetizó Nadal en conferencia de prensa. Y agregó: «Si hubiera estado a mi mejor nivel, los resultados dicen que soy mejor que él. No estuve en mi mejor nivel y enfrente tuve a un tenista que me jugó muy bien». Para matizar un poco el sorpresivo golpe, el español descartó que ésta haya sido la peor derrota de su carrera. «De ninguna manera es una tragedia. Este día iba a llegar. Es un pinchazo en una temporada fantástica», finalizó.
Si se trazara una paralelo con otra etapa clave en la historia del tenis, la derrota de ayer de Nadal podría emparentarse con aquella que sufrió el estadounidense Pete Sampras en 2001. Más precisamente en los octavos de final de Wimbledon, ante el suizo Roger Federer por 7-6 (9), 5-7, 6-4, 6-7 (9) y 7-5, la derrota cortó la racha de 30 victorias consecutivas del norteamericano.
Pero tampoco habrá que quitarle mérito a Söderling. Es que más allá de que Nadal no hizo prevalecer su poderío físico, ese que suele poner contra las cuerdas a sus rivales, el sueco fue el gran responsable de que el español no desplegara su juego habitual. Con un gran nivel de concentración y claridad mental para desgastar a su rival, el ex número quince del mundo edificó una victoria que quedará en la historia del tenis.
De aquí en adelante, el escenario de Roland Garros cambió por completo. La eliminación de Nadal potenciará las candidaturas de Federer, para completar el póquer de Grand Slam, y del escocés Andy Murray, tal vez los más beneficiados con su eliminación. Más atrás surgen Del Potro, Roddick y Tsonga. Pero nada está garantizado. El torneo parisino está para cualquiera.
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