23 de agosto 2018 - 00:00

Un doble éxito del fiscal que le pone presión al presidente

Las condenas del martes contra hombres clave del entorno del jefe de la Casa Blanca son un llamador para que surjan nuevos delatores.

Al ataque. Donald Trump volvió a calificar de “caza de brujas” la investigación del fiscal especial de Rusia-gate, Robert Mueller. Sabe que el cerco se estrecha alrededor de su entorno íntimo.
Al ataque. Donald Trump volvió a calificar de “caza de brujas” la investigación del fiscal especial de Rusia-gate, Robert Mueller. Sabe que el cerco se estrecha alrededor de su entorno íntimo.
Washington - La condena del exjefe de campaña del presidente Donald Trump y la declaración de culpabilidad de su exabogado personal llevaron alivio al fiscal especial Robert Mueller, cada vez más presionado políticamente para terminar su investigación sobre la presunta injerencia rusa en la campaña electoral de 2016, que ya lleva 15 meses.

Los casos de Paul Manafort y Michael Cohen no pondrán fin a la cruzada de Trump contra la pesquisa de Mueller, a la que volvió a calificar de "caza de brujas", en un furioso esfuerzo destinado a socavar cualquier intento por llevarlo a juicio. Pero los expertos dicen que cada victoria cuenta para el fiscal especial, quien gracias a su creciente historial de éxitos aumenta la chance de asegurar la cooperación de futuros testigos.

Con unas elecciones legislativas cruciales que se avecinan en noviembre, Trump está desesperado por convencer a los votantes de que la investigación tiene prejuicios políticos, con la esperanza de proteger a la mayoría republicana tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes.

Su primera reacción a los resultados de ambos casos judiciales el martes fue insistir una vez más en que no hay base para la investigación de Mueller.

"No me involucra. No tiene nada que ver con la colusión rusa. Continuamos con la caza de brujas", dijo Trump.

El mandatario volvió a expresarse al respecto ayer a través de Twitter, donde fustigó a Cohen y elogió a Manafort (ver página 16).

Mueller tiene una batalla cuesta arriba para demostrar las acusaciones de que la campaña de Trump complotó con Rusia durante las elecciones de 2016, y que el mandatario ha intentado obstaculizar su investigación.

En el caso de Manafort, el primero que el equipo de Mueller envió a juicio, un jurado encontró al exjefe de campaña de Trump culpable de ocho cargos de evasión fiscal, fraude bancario y omisión de declarar cuentas en el extranjero.

Si bien la evidencia era sólida, el caso se centró en transacciones de Manafort separadas de la campaña de 2016 y no directamente relacionadas con Rusia.

El caso de Cohen tampoco tenía un ángulo de colusión rusa. Así, se declaró culpable de fraude bancario y fiscal en su negocio personal, y de violaciones de financiamiento de campaña relacionadas con pagos ocultos a dos supuestas examantes de Trump.

En ese último cargo, implicó al presidente en un delito, declarando que el propio Trump ordenó los pagos para influir en el resultado de las elecciones.

Aunque no se relacionen con una colusión, ambos casos subrayaron que Mueller no va tras cargos superficiales, como afirman sus críticos.

"La condena de Manafort demuestra que la investigación de Mueller está lejos de ser una cacería de brujas", dijo el congresista demócrata Adam Schiff.

"También muestra que la campaña y administración (de Trump) estuvieron plagadas de personas con un historial de negocios sin escrúpulos y con vínculos con intereses extranjeros", agregó.

Ambos casos demostraron que Mueller, un taciturno exdirector del FBI de 74 años, está trabajando de manera rápida y eficiente. Desde que fue nombrado en mayo de 2017, no ha hecho comentarios públicos sobre el progreso de su investigación ni ha respondido a los ataques casi diarios del presidente. Pero ha imputado a 33 individuos, 25 de ellos rusos, y a tres compañías. Cinco han negociado declaraciones de culpabilidad por cargos reducidos, incluido el exasesor de seguridad nacional de Trump Michael Flynn; el exvicejefe de campaña y ayudante de Manafort Richard Gates; y el exasesor de política exterior George Papadopoulos.

En comparación, el fiscal especial Ken Starr tardó cuatro años en presentar una acusación contra el presidente Bill Clinton en los años 90.

Michael German, exagente del FBI ahora en el Brennan Center for Justice, dijo que el veredicto de culpabilidad en el juicio de Manafort fue un importante paso adelante para Mueller. "Cada victoria es importante para el fruto final de la investigación", señaló. "Es más fácil obtener la cooperación de los testigos o asegurar declaraciones de culpabilidad si se está buscando establecer un registro de éxito. Presiona para que las personas cooperen con la investigación", añadió.

Aun así, la Casa Blanca dice que Mueller está siendo muy lento.

"Creo que hemos sido muy claros en que no solo nosotros, sino todos los estadounidenses, queremos que esto termine", declaró la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, la semana pasada.

El exfiscal federal Renato Mariotti dice que hay una amenaza constante e implícita de parte de Trump de terminar sumariamente la investigación, incluso aunque eso desataría una crisis constitucional.

"Mueller tiene que estar preocupado acerca de si se le permitirá terminar su investigación", apuntó.

Agencia AFP

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