Periodista: ¿Cómo empezó todo?
Pete Docter: Dibujo desde niño. Enloquecí cuando vi que podía darles algo de movimiento a mis monigotes. Lo que nunca pensé es que esas caricaturas con que llenaba mis cuadernos de matemáticas durante la clase iban a llevarme hasta Pixar. Y que ahí iba a encontrar tan buen ambiente.
P.: Algunas cosas de esa empresa no parecen para niños.
P.D.: En principio, hacemos todo para nosotros mismos. Para nuestro niño interior y para el adulto que somos. Ciertas situaciones de "Up" las entiende sólo un adulto, pero los niños en algún momento tienen que percibirlas. Cosas que deben hablarse, como la viudez y el desengaño de la vida. Por supuesto, nuestras historias deben ser siempre apropiadas para los niños. Y son emotivas, nos entendemos mediante las emociones.
P.: ¿Y cómo se le ocurrió hacer "Intensa-mente"?
P.D.: Básicamente, mirando cómo crecía mi hija. Cuando llegó a los 11 años empezó a ensimismarse, algo típico de los preadolescentes. Me preguntaba qué pasaría por su cabecita. Pero hay sensaciones propias de cualquier edad: oír una voz interior que te dice una cosa, otra que te dice lo contrario, sentir de un modo y actuar inesperadamente de otro, todo eso tiene que ver con las emociones, que en una criatura son muy intensas. Lo charlé con otra gente y fuimos a ver a John Lasseter. Le dijimos que queríamos contar una pequeña historia desde el punto de vista de las emociones de una niña. "¿Qué te parece? Los personajes son emociones, algo que nadie ha visto todavía. Queremos desarrollarlo". Le gustó la idea, dijo "Okey, háganlo". Y acá estamos.
P.: ¿Pero cómo fue ese desarrollo?
P.D.: Primero hablamos con neurólogos, psicólogos, etc. Nos asesoraron, pero hay mucho que ellos todavía desconocen. Uno decía que hay tres emociones básicas, otro decía que hay 27, etc. Para nosotros lo importante era el trabajo de cada emoción, además de su carácter (y de los chistes que podían provocar). Cada una sirve de diferente manera. La principal es Alegría, que viene a ser como una madre sustituta. Entonces debíamos dar pequeños pasos, abordar cuestiones obvias.
Primero pensamos que todas las emociones debían tener figura femenina. Pero hay más humor si dentro de la niña conviven emociones de ambos géneros. Así, Temor y Enojo se caracterizan como emociones masculinas. En cambio, en la cabeza de cada padre las emociones son de un solo género. Y para tenerlo más claro, las del padre llevan bigote. Luego, desde dónde se transmiten a la niña. Entonces pensamos en un comando central situado en la mente, no en el cerebro. No queríamos algo rodeado de vasos sanguíneos. ¿Pero qué sabemos sobre la geografía de la mente? ¿Sobre la forma y la ubicación de los recuerdos a corto y a largo plazo? Quizá podamos asociarla con lo que pasa dentro de una computadora. ¿Y el lugar de la abstracción? Para representar todo eso con humor y con alguna lógica nos tomamos una licencia artística, aunque a Jonas Rivera le gusta decir que todo lo que pintamos es cierto.
P.: ¿Y a los niños no les resulta confuso?
P.D.: Teníamos ese miedo, fuimos haciendo pruebas, y a veces parece que la entienden mejor que los adultos. O la disfrutan de otra forma. Pero creo que los niños son más abiertos que nosotros, y más imaginativos.
P.: Cuando su hija la vio, ¿se sintió identificada con la chica de la película?
P.D.: Cuando la terminamos ya habían pasado cinco años. Ella ahora tiene 16, es una adolescente. La vio y sólo me dijo "Está buena". Pero todavía no sé por qué le parece que "está buena".
| Entrevista de Paraná Sendrós |


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