Un éxito al estilo dela TV de los años 80

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La comedia dramática de Lorena Romanín obtiene el mismo efecto de empatía en el público como las viejas series “Situación límite” o “Atreverse”.

Esta comedia dramática de personajes comunes, trama sencilla y clima intimista, se ha convertido en uno de los éxitos del circuito off. Durante la función, el público expresa su profunda conexión con la pieza y sus intérpretes mediante risas, suspiros y hasta comentarios en voz alta que parecen borrar la divisoria entre realidad y ficción. No deja de ser curioso que en el actual circuito teatral independiente -en general, asociado a la búsqueda y experimentación de nuevos códigos teatrales- cause tal efecto una obra narrada y actuada en un registro decididamente realista que recuerda al de aquellos unitarios televisivos que causaron tanto furor durante los 80 y principios de los 90, como "Situación límite", "Nosotros y los miedos" y "Atreverse", y que estaban centrados en las relaciones vinculares.

"Como si pasara un tren" también exhibe un conflicto muy concreto e identificable de la esfera familiar. Se trata de la difícil relación entre un hijo veinteañero con deficiencia madurativa y una madre cariñosa, pero rígida y sobreprotectora, que por cuidarlo lo vigila sin descanso, impidiéndole crecer y conectarse con sus verdaderos deseos, como el de conocer a su padre que lo abandonó al nacer.

Pero la simbiosis entre madre e hijo entra en crisis con la llegada al pueblo de Valeria, la sobrina díscola de Capital. Esta adolescente impulsiva, pero de gran corazón, convivirá con su tía y primo por un tiempo para cumplir la penitencia que le impuso su madre tras descubrirle en la mochila un "porro" de marihuana. Pese a la mala fama que la precede, Valeria se convertirá al fin en un benéfico motor de cambio y de libertad no sólo para su primo sino también para su tía.

El convincente trabajo actoral de Silvia Villazur (la madre), Guido Botto Fiora (el hijo) y Luciana Grasso (Valeria), sus personajes tiernos e hilarantes, la transformación que cada uno experimenta mientras va superando miedos y prejuicios y el encanto y vitalidad con que se desarrollan algunas escenas cotidianas (como el baile que coreografían los dos primos), son algunas de las claves que hacen de este espectáculo una experiencia tan grata como aleccionadora.

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