23 de junio 2016 - 00:00

Un éxito amenazado por otros focos de violencia interna

El Gobierno colombiano no logró avanzar todavía en el diálogo con el Ejército de Liberación Nacional. Por otro lado, las “bandas criminales” desprendidas del paramilitarismo se fortalecen gracias al narcotráfico.

ANUNCIO. Marcela Durán, representante del Gobierno, y Marcos Calarcá, comandante de las FARC, leyeron un comunicado en La Habana.
ANUNCIO. Marcela Durán, representante del Gobierno, y Marcos Calarcá, comandante de las FARC, leyeron un comunicado en La Habana.
Bogotá - Para las FARC, el de ayer puede ser "el último día de guerra" en Colombia, una frase que puede provocar emociones profundas en un país que desde hace cinco décadas ha visto desfilar por las primeras planas de la prensa horrendos titulares sobre asesinatos, atentados y desplazamientos forzados.

El optimismo se convirtió en una tendencia en las redes sociales apenas unos minutos después de que uno de los principales jefes de ese grupo guerrillero, alias "Carlos Antonio Lozada", anunciara que se llegó a un acuerdo en el último punto del proceso de paz con el Gobierno colombiano (ver aparte).

En la práctica, aunque aún no se firmó el acuerdo final de paz, el anuncio representa el fin de la confrontación entre el Estado colombiano y las FARC.

Y es que el acuerdo contempla el alto el fuego bilateral y definitivo, así como asuntos trascendentales como la concentración de los guerrilleros en sitios determinados, las medidas de seguridad para ellos y la deposición de las armas, fase en la que la ONU cumplirá el papel de verificación.

Aunque las palabras de "Lozada" suenan esperanzadoras, muchos colombianos prefieren ser prudentes y no desbordarse en las celebraciones, pues subsisten otros factores de violencia.

Por ejemplo, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) sigue alzada en armas y muy activa en los últimos meses.

El Gobierno inició contactos con ese grupo hace dos años y medio, que derivaron en marzo en un anuncio sobre el comienzo de un proceso de negociaciones en Ecuador.

Sin embargo, no tardaron en aparecer las tensiones por casos de secuestros atribuidos al ELN por lo que sigue sin conocerse cuándo comenzará la negociación.

Considerado como un grupo más radical que las FARC, dio a entender que seguirá "reteniendo" personas para que paguen "contribuciones" (en su lenguaje no existen los secuestros extorsivos) porque para iniciar una negociación con el Gobierno no deberían existir condicionamientos.

Pero además del ELN, en el país ganaron fuerza varios grupos que el Gobierno denomina "bandas criminales (bacrim)", que no son otra cosa que disidencias de los grupos paramilitares de ultraderecha desmovilizados entre 2003 y 2006.

Esos grupos, acusados de cometer violaciones de los derechos humanos, visten uniformes camuflados, tienen estructuras jerárquicas y se dedican al narcotráfico.

Algunas de esas bandas, que alegan tener motivaciones políticas no reconocidas por el Gobierno, pueden convertirse en un elemento desestabilizador en el posconflicto con las FARC por posibles ataques contra los exguerrilleros.

Nunca como ahora un proceso de paz con las FARC había llegado tan lejos. A comienzos de los años 80 el grupo guerrillero y el Gobierno de Belisario Betancur llegaron a algunos acuerdos, pero el diálogo se rompió cuando empezaron los ataques contra un partido político de izquierda que surgió en el marco de esa negociación.

El Gobierno y las FARC firmarán hoy el pacto del alto el fuego y el país quedará ad portas de la firma del acuerdo final de paz, en fecha aún por conocerse. Crecen las esperanzas, pero de momento persisten factores que impiden la paz total.

Agencia DPA

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