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Un fallo impide que se exhiba el Siqueiros
El nuevo conflicto gira en torno a la naturaleza de una obra que, originalmente, era un bien inmueble, pero que en 1991, cuando la extrajeron de allí con una compleja obra de ingeniería, pasó a ser un mueble. Y, así, como un mueble, deberá permanecer, según lo dispuso la jueza Negre. Durante la vernissage del 25 de mayo, los problemas se habían tornado perceptibles. Las obras del museo que construye la Presidencia en la Aduana Taylor para albergar la obra no estaban terminadas, y unos técnicos de la empresa constructora quisieron reunir los fragmentos de la pintura, y las piezas no encajaban. Los expertos estaban preocupados, aunque contaran que «aun así, medio armadita, la pintura quedaba preciosa».
Esa misma noche, mientras por un lado el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, declaraba que ya expropiado el mural con la fuerza de la ley aspiraba a depositar en el juzgado el monto de la tasación, los abogados de Dencanor SA anunciaban que el asunto terminaría en la Corte. Enterado Dencanor, hace unos días, de que en las obras del Museo de la Aduana Taylor preparaban cemento para amurar el mural al piso, es decir, para volver a convertir en inmueble un bien que se tornó mueble para poder llevarlo de gira por el mundo y ganar dinero con su exhibición, acudió a la Justicia.
En su fallo, la jueza Negre dictaminó que «en tales condiciones y como medida de no innovar en los términos del artículo 232 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, líbrese oficio a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación a efectos de poner en su conocimiento que hasta tanto se cumpla con el informe ordenado en el día de la fecha a fs. 89/vta (referido a la forma en que se planea exhibir la obra Mural Ejercicio plástico), no se podrá alterar la naturaleza mueble de dicha obra». Esto es, que sin la fijación material planeada por el Gobierno, el Mural no puede ser exhibido al público.
No era difícil advertir que el convenio de exposición entre Dencanor y el Gobierno estaba destinado de antemano al fracaso. Mientras uno aspiraba a llevar el mural de gira por el mundo apenas concluyera la celebración patria, el Estado construía, a partir de la expropiación, un museo de 7.000 metros cuadrados para albergarlo por siempre (100 metros más grande que el que levantó Amalia Fortabat a pocos pasos de allí).
Parrilli, con una gestión digna de un mariscal de campo, había logrado rescatar el mural de la destrucción, cuando se encontraba fragmentado en unos contenedores en una playa de grúas bonaerense, lo hizo restaurar por expertos mexicanos y lo colocó frente a la Casa de Gobierno. «Mientras tanto, no procederá expropiación alguna», aseguran ayer los abogados de Dencanor.


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