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Un gesto forzado por la debilidad
Así, ahora tienen en su poder a una veintena de uniformados de alto rango, cuya entrega pretenden pactar a cambio de la excarcelación de unos 500 guerrilleros.
¿Por qué este cambio de estrategia, si hasta hace poco los políticos cautivos eran considerados la mejor carta para lograr un ablandamiento de la dura política de combate a la guerrilla desplegada por el presidente Alvaro Uribe?
Analistas aducen diversas razones. Una de ellas sería intentar limpiar la deteriorada imagen local e internacional de las FARC, por la condena mundial que despertó el secuestro de civiles, mantenidos por años en condiciones infrahumanas en distintos puntos de la selva colombiana.
Quienes sostienen esa tesis afirman que, finalmente, las FARC no lograron ningún rédito económico ni político con esa táctica de secuestros. Más bien, terminaron por agrietar la «simpatía» que algunos sectores en distintos países podían mantener hacia su proclamado objetivo de establecer un sistema socialista en Colombia por la vía armada.
Pese al impacto positivo que ha provocado, en general, la entrega voluntaria de rehenes, no es indicativa de que el Gobierno de Uribe esté dispuesto, así como así, a iniciar una negociación con la guerrilla. Entre otras cosas, porque no confía en su buena voluntad ni en su real decisión de cumplir acuerdos de paz que pongan fin al conflicto armado que azota al país desde hace décadas.
El propio Uribe se encargó de señalar hace algunos días que no tiene fe en un diálogo con las FARC, dados los fallidos intentos de anteriores gobiernos, como el de Andrés Pastrana. «Estamos listos para la paz, no para el engaño, no para reforzar el terrorismo», afirmó el mandatario.
Más aún, Uribe ha asegurado que la nueva estrategia de las FARC sólo obedece al escenario político que abren las elecciones presidenciales de 2010, para las que él aún no ha decidido embarcarse como candidato, lo que demandaría una nueva reforma constitucional para avalar un tercer mandato consecutivo. Declaraciones de comandantes de las FARC han apuntado a que el mejor escenario para la guerrilla es la permanencia de Uribe en el poder. Ello porque su estrategia confrontativa, conocida como de «seguridad democrática», crearía un ambiente crítico en el país, que favorecería el conflicto armado.
Sin embargo, hay quienes estiman que ese sólo es un discurso para disfrazar el debilitamiento que ha sufrido la guerrilla en los últimos años por el acoso de las fuerzas de seguridad, por la muerte de varios de sus principales líderes y la deserción de miles de sus combatientes. Esas voces indican que, en realidad, las FARC apuestan a un debilitamiento del respaldo que ha mantenido Uribe si sus políticas siguen siendo cuestionadas por la oposición, los rehenes y sus familiares, quienes lo acusan abiertamente de no haber hecho nada por la liberación de los cautivos.
Otro elemento que puede entrar a terciar en los tiempos que corren es el impacto de la crisis financiera global, que ya se está haciendo sentir en Colombia, con un menor crecimiento, baja en la inversión y aumento en el desempleo. Si esa situación se agudiza, como es predecible, ya que está ocurriendo en todo el mundo, tal vez la prioridad de los colombianos vire desde las demandas por seguridad hasta requerimientos sociales, como planes especiales para paliar la desocupación.
Pero, por lo pronto, descubrir lo que está en la cabeza de las FARC y en la de Uribe no pasa de ser un ejercicio de especulación.
La carrera presidencial aún no se abre, entre otras cosas, por la indecisión del propio mandatario y la ausencia de un sucesor claro si es que opta por no repostularse, debido al gran personalismo con el que ha ejercido el poder.
Las FARC, en tanto, han hablado de canje de prisioneros, pero no de dejar las armas para incorporarse a la vida política o de deshacer sus vínculos con el narcotráfico, considerado su principal financista.
Tampoco han mencionado la suerte que correrán los otros cientos de secuestrados por extorsión en la medida en que los más «famosos» recuperan su libertad y los otros siguen sumidos en un triste anonimato y olvido.
Agencia Reuters


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