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Un golpe demoledor para Peña Nieto
En sus primeros dos años de mandato, Peña Nieto fue reconocido por los éxitos sin precedentes en la captura de líderes de todas las organizaciones criminales. Pero el impacto generado por la segunda evasión de "El Chapo" de una cárcel de máxima seguridad, que deja en evidencia de nuevo los graves problemas de impunidad y corrupción en México, puede hacer olvidar aquellos logros.
"Sí, puede porque el personaje es tan icónico. En el mejor de los casos, esta fuga es vergonzosa. Abolla la imagen de eficacia que habían transmitido y obliga a repensar la narrativa de qué tan bien estamos en materia de seguridad", dijo Alejandro Hope, exoficial del servicio de inteligencia mexicano.
La lucha contra Guzmán y su cartel de Sinaloa ha marcado los últimos gobiernos mexicanos. El de Vicente Fox (2000-2006) es recordado, entre otras cosas, por no poder evitar su primera fuga del penal de Puente Grande (oeste) en 2001 escondido en un carrito de lavandería. Su sucesor, Felipe Calderón (2006-2012), lanzó al Ejército a una sangrienta lucha contra los carteles pero no fue capaz de apresar a Guzmán, considerado el narcotraficante más buscado del mundo.
En febrero del año pasado, el Gobierno de Peña Nieto (2012-2018) sorprendió al anunciar la captura de este personaje de leyenda, que aparecía en la lista de los hombres más ricos del mundo y al que muchos comparaban con el colombiano Pablo Escobar.
Con esta detención, el mandatario enviaba el mensaje de que no permitiría capos intocables y que su estrategia de seguridad era mucho más efectiva para atacar las cúpulas criminales. En medio de múltiples elogios, el propio Peña Nieto se comprometió entonces a que los sistemas de seguridad y Justicia mexicanos no volverían a fallar, y en una entrevista con la cadena Univisión subrayó que una segunda fuga de Guzmán sería "imperdonable".
El presidente envió al detenido al penal del Altiplano, a 90 km de la capital, considerado el más seguro del país y del que no se conocían fugas. El entonces fiscal general, Jesús Murillo Karam, desechó el pedido de extradición a Estados Unidos, argumentando que primero debía pagar por sus crímenes en México. Pero 17 meses después, el capo protagonizó otra huida de película (ver aparte).
"Seguramente 'El Chapo' planeó esto desde que llegó a la cárcel y tuvo un apoyo interno y externo muy grande para poder escaparse. Seguro hubo corrupción adentro y afuera del penal", dijo Raúl Benítez Manaut, profesor y experto en seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El suceso llega en un momento complicado para Peña Nieto, lejos de los días en que era aplaudido por atrapar a los principales barones de la droga y por un paquete de reformas que debía relanzar la economía.
La popularidad del presidente empezó a resentirse con la desaparición y presumible masacre en septiembre pasado de 43 estudiantes de Ayotzinapa a manos de policías coludidos con narcotraficantes. Peña Nieto tampoco puede lucir por ahora buenos resultados de la economía mexicana, que sigue sin crecer al ritmo esperado, y algunos anticipan un choque con EE.UU. por la huida de Guzmán.
Agencia AFP

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