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Un impecable cierre rumano
Erik Schumann.
También la asociación Nuova Harmonia clausuró en estos días su temporada 2013, con una agrupación rumana de excelente nivel: la Orquesta Sinfónica de Bucarest, cuya dirección fue recientemente asumida por el francés Benoit Fromanger. Tras una trayectoria notable como flautista, Fromanger se destaca como un conductor sólido que sabe integrarse a la energía del conjunto y al mismo tiempo encausarla del mejor modo.
El programa abrió y cerró con dos obras de Antonin Dvorak que enmarcaron el "Concierto en re mayor" para violín de Piotr Ilich Tchaikovsky, a cargo de un solista fenomenal: Erik Schumann. Con una atípica mezcla de sangre japonesa, rumana y alemana en sus venas y la escuela del legendario Zakhar Bron, el joven violinista conjugó desenvoltura técnica con profundidad interpretativa, seguido a la perfección por director y orquesta. Como bis, Schumann ofreció la "Sarabande" de la segunda partita para violín solo de Bach (BWV 1004), en cuyas líneas despojadas pudo mostrar toda su madurez artística.
La obertura "Carnaval" opus 92 fue una gloriosa puerta de entrada, y estableció el primer contacto entre el público y la Sinfónica rumana. El ensamble es parejo en el nivel de todas sus secciones; se destacan las cuerdas, de sonido levemente nasal pero extraordinariamente homogéneas, y las maderas, con un alto grado de "souplesse". En la segunda parte, la más famosa de las sinfonías de Dvorak, la novena, llamada "Del Nuevo Mundo", revivió en una versión intensa que exaltó la proporción de melancolía y nervio que constituye el alma de la música del compositor checo, y en ella la solidez de los bronces fue determinante. Como bis, Fromanger y sus huestes ofrecieron un despreocupado vals de la francesa Mel Bonis (1858-1937), "Les Gitanos", una perfecta síntesis para cerrar la noche.


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