La Argentina jugó mal y perdió bien. Perdió por sus propios errores y por su incapacidad de evitar caer en la telaraña del offside que, inteligentemente, le tejió Arabia Saudita que, en 5 minutos, le asestó dos golpes que lo dejó sin reacción y al borde del nocaut en este Mundial de Qatar,
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Un inesperado golpe a la ilusión
Más allá que al técnico Lionel Scaloni se le podrá criticar por contradecir sus propias palabras de hacer jugar a algunos futbolistas que no estaban en su plenitud física -caso Cristian Romero y Paredes- o de cambiar a último momento a Alejandro “Papu” Gómez por Alexis Mac Allister, con quien venía probando como reemplazante del lesionado Giovanni Lo Celso, lo cierto es que este equipo fue una sombra de la Selección que venía invicta desde hacía 36 partidos.
Ante Arabia Saudita fue un equipo carente de volumen de juego, inocente para caer en el planteo del rival, sin poder ofensivo, con jugadores que no estuvieron en su nivel y con errores defensivos que terminó pagando con goles. Por todo eso la caída 2 a 1 ante los árabes en el debut se la puede considerar como una de sus peores derrotas en la historia de la Copa Mundial de la FIFA.
Lo que a priori era una fiesta, terminó siendo un velorio, porque el vigente campeón de América se puso en ventaja con un penal de Lionel Messi a los 10 minutos de juego, pero recibió dos goles al inicio del segundo tiempo, marcados por Saleh Al Shehri y Salem Al Dawsari, que sentenciaron el primer batacazo de la competencia.
Con esa derrota el Seleccionado de Lionel Scaloni quedó sin margen de error para disputar los últimos dos juegos del grupo ante México, el sábado 26, y Polonia, el miércoles 30.
Los futbolistas del Seleccionado nacional, diez de ellos debutantes en la máxima competencia FIFA, cumplieron una floja actuación colectiva, combinada con una preocupante respuesta anímica para enderezar el rumbo del partido, del que se marcharon visiblemente golpeados en medio del estupor de los miles de argentinos presentes en Lusail.
La Argentina se puso en ventaja a los 10 minutos con un penal facilitado por el grupo arbitral, que vio como falta un subjetivo agarrón a Leandro Paredes en una pelota parada. El neerlandés Paulus Van Boekel llamó desde el VAR, el esloveno Slavko Vincic convalidó en la pantalla y Messi facturó con engaño al arquero.
Destrabado el marcador, la intuición de una victoria cómoda fue cambiando a medida que Arabia Saudita daba señales de equipo concentrado, compacto, aguerrido para la marca e infalible en el recurso de la posición adelantada. Solo en la primera parte, los “Halcones del Desierto” provocaron 7 offsides, tres de ellos para invalidar jugadas que finalizaron en tantos de Messi y Lautaro Martínez (2).
El primer acierto del equipo asiático, protagonista de la mayor hazaña para el fútbol árabe, fue la presión sofocante sobre los mediocampistas argentinos, lo que incomodó tanto a Leandro Paredes como a Rodrigo De Paul para el pase corto. Solo “Papu” Gómez pudo filtrar alguna habilitación pero, por lo demás, el recurso argentino fue el envío largo para que Di María, Lautaro o Messi se fugaran de la última línea rival, por momentos armada con seis futbolistas. Más allá de la ventaja, la sensación que dejó la primera parte no fue buena y en el complemento un inicio terrorífico corroboró que la tarde qatarí se encaminaba para ingresar en la historia negra del Seleccionado.
Por una desatención defensiva llegó la igualdad de Al Shehri, que un cruce tardío de “Cuti” Romero no pudo evitar. Eso desató los peores minutos de la Argentina en el partido. El equipo ingresó en un estado de parálisis que se comprobó con el segundo tanto un rato más tarde. Al Dawsari tuvo tiempo y espacio dentro del área para clavar la pelota en el ángulo izquierdo de “Dibu” Martínez y desatar un clima árabe infernal en el estadio.
Con más de media hora por delante, la Argentina no fue capaz de impedir la catástrofe deportiva, fue un equipo apurado, nervioso y se frustró ante cada cruce salvador del algún futbolista saudí.
Scaloni pateó el tablero con tres cambios simultáneos pero el funcionamiento fue el mismo. La fiesta argentina que marcó la previa se aplacó porque la Selección no dio señales positivas para llegar al gol, pese a las enormes diferencias de jerarquía.
Ahora ya no hay margen para el error, pero hay jugadores y equipo para que la llama de la ilusión siga encendida para ver a la Scaloneta jugando la final en ese mismo estadio el 18 de diciembre


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