17 de junio 2009 - 00:00

Un laberinto de muy difícil salida

Teherán - El Consejo de Guardianes, segundo órgano de poder en Irán, se enfrenta en los próximos días a una compleja y difícil decisión que podría influir en el futuro del país.

El citado Consejo, máxima autoridad en cuestiones electorales, debe decidir si valida o anula el resultado de las elecciones del pasado viernes, que permitieron la reelección del presidente, Mahmud Ahmadineyad, pero que han sido denunciadas como fraudulentas por la oposición.

Crucial

Expertos y analistas en la zona coinciden en que sea cual sea su veredicto, será crucial para el devenir de la República Islámica treinta años después de su fundación.

En caso de que, como se espera, los valide, todo indica que la oposición no se conformará y podría seguir adelante con las movilizaciones como la que el lunes sacó a casi un millón de personas a la calle.

«No vamos a parar, queremos la repetición de las elecciones porque nadie se cree los resultados en las provincias», dijo un miembro de la campaña del reformista Mir Husein Musaví.

En caso contrario, no sólo el triunfo de Ahmadineyad quedaría deslegitimado, sino que se pondría en entredicho gran parte de la maquinaria de la República Islámica. E incluso podría afectar a la imagen del líder supremo, Ali Jamenei, quien en una inusual decisión respaldó, por primera vez, la consulta sin esperar a la validación, siempre necesaria, del poderoso consejo integrado por seis clérigos y seis juristas.

Jamenei admitió un día después la queja por fraude de la oposición y aseguró que se examinaría a través de las vías legales.

Ante el cariz que ha tomado la situación, el presidente del Consejo, ayatolá Ahmad Janati, anunció el lunes en televisión que el dictamen se adoptará lo antes posible.

Horas antes, un portavoz del mismo había anunciado que se retrasaría al menos una semana.

El portavoz también precisó que sólo se tendrán en cuenta las denuncias que sean demostrables y puedan ser procesadas.

Denuncia

La oposición denunció que el Ministerio de Interior obstaculizó la labor de los observadores, a los que al parecer no se les permitió estar presentes en el sellado de las urnas.

También dijo que en muchos colegios faltaron boletas durante horas, pese a que al parecer se imprimieron más de cinco millones de las necesarias.

Igualmente la oposición protestó por la interrupción de las comunicaciones por vía telefónica, especialmente en las zonas rurales, donde Ahmadineyad habría cimentado su éxito.

Pero la principal causa de duda, una posible manipulación en el recuento, es una cuestión ardua de demostrar.

El conteo de los sufragios se realizó a una enorme velocidad en el Ministerio de Interior, sin presencia de observador alguno de los candidatos. Sólo un observador del Consejo de Guardianes parece que estaba en el Comité Electoral para «supervisar» el proceso.

Minutos antes de que el Comité Electoral ofreciera los resultados preliminares, la prensa oficial ya adelantaba que Ahmadineyad había ganado con más del 60% de los votos, como finalmente ocurrió.

El ministerio, que ha controlado todo el proceso electoral, está en manos de uno de los colaboradores más cercanos del presidente.

En clave exterior, muchos expertos se preguntan cómo se aceptará una eventual ratificación de los resultados y si la comunidad internacional legitimará el Gobierno de Ahmadineyad pese a las dudas y las protestas.

Agencia EFE

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