Exconcejal de Esteban Echeverría, distrito al que pertenecía Ezeiza antes de surgir en 1995, Alejandro Granados encarna un biotipo de jefe territorial de lealtades múltiples, una ecología de poder familiar y la expansión del mando a todos los ámbitos, entre otros rubros el fútbol, a través del club Tristán Suárez. Dejará el municipio en manos de Oscar Cicco, pero su segundo hijo, Gastón, alias "Gato", se perfila como heredero mientras su mujer, Dulce, es diputada y su hijo Alejandro sigue en la ANAC. Días atrás, su hermana Leonor dejó el FpV y saltó al massismo, movimiento que se leyó como un doble juego del alcalde que en el pasado fue menemista furioso, duhaldista acérrimo y luego ferviente kirchnerista. El Mangrullo, reducto de su propiedad, fue búnker de sus sucesivas lealtades políticas.
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