El nuevo Gobierno no logró erradicar el aire de provisionalidad generalizada que dejó el proceso de "impeachment" que suspendió a Dilma Rousseff de la presidencia por supuesta manipulación de las cuentas públicas. Limitada a 180 días, el plazo máximo que tiene el Senado para decidir si destituye definitivamente a Rousseff, la gestión Temer nació entre sospechas de que intentará poner freno a la cruzada anticorrupción en Petrobras, que involucra a varios caciques del centrista PMDB hoy en el poder.
Él juró que apoyaría la sed de limpieza moral que simboliza la llamada "Operación Lava Jato" (lavadero de autos), que reveló un fraude entre empresarios y partidos políticos para drenar más de 2.000 millones de dólares de la petrolera y que fue reivindicada en las masivas protestas callejeras que antecedieron al "impeachment". Ese compromiso le costó tener que entregar a los ministros Romero Jucá, de Planificación, y Fabiano Silveira, de Transparencia.
"Me tomo la libertad de decir por enésima vez que no habrá la menor posibilidad de cualquier interferencia del Ejecutivo en esa cuestión", dijo Temer esta semana.
El Gobierno interino y la sociedad brasileña tuvieron "una luna de miel de motel", definió en un ensayo Paulo Moura, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Porto Alegre (sur), ligado a grupos sociales que trabajaron en favor del "impeachment".
"El Gobierno nació presionado por una circunstancia económica y política muy complicada. Puede intentar revertir las expectativas, pero cometió un error al traer a personas involucradas en el "Lava Jato". No sé hasta qué punto podría haberlo evitado porque son de su partido, pero lo ha debilitado", añadió. El senador Ronaldo Caiado, del partido de derecha Demócratas y también opositor a Rousseff, tiene una lectura diferente.
"Este Gobierno debe seguir sin hacer concesiones, se trate de quien se trate, ya sea que esté involucrado en corrupción o que esté obstruyendo el 'Lava Jato'", dijo. "Fue un plazo demasiado corto para esperar cambios sustanciales, pero ahora quien es denunciado es dimitido" de su cargo, añadió.
Para algunos analistas, Temer no consiguió quebrar la inacción que marcó el final del Gobierno de Rousseff por dificultades propias, como la pelea que se ganó con artistas e intelectuales por eliminar el Ministerio de Cultura, que pocos días después debió reinstalar.
Incluso el mismo día que desembarcó en el Palacio de Planalto le dio munición gruesa a su principal enemiga al anunciar un gabinete sin mujeres ni negros. Rousseff llamó al nuevo equipo un grupo "de hombres viejos, ricos y blancos". "Es posible retomar la confianza y el crecimiento. En menos de 20 días pudimos presentar al país una agenda positiva de reconstrucción nacional", dijo Temer el miércoles.
Mientras lucha para ganar tiempo y oxígeno en el frente económico, Temer deberá seguir lidiando con la amenaza mayor, tal como le ocurrió al Gobierno de su antecesora: el "Petrolao".
"La pérdida de apoyo social es un riesgo real, que corre a medida que su Gobierno va siendo asociado al 'Lava Jato'. Hay un margen muy estrecho para acertar", dijo Moura.
| Agencia AFP |


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