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Un monstruo que no para de crecer

Hamas nació con el objetivo de crear un Estado palestino, de carácter islámico, en lo que hoy es Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania. Con motivo de la cumbre de Annápolis, los líderes de Hamas reiteraron: «Nunca reconoceremos al Estado sionista ni renunciaremos un milímetro de Palestina».
Pese a ser considerado un grupo terrorista por Israel, EE.UU. y la Unión Europea, Hamas ha registrado en dos décadas un espectacular aumento del apoyo popular. Tras conquistar las mezquitas, su lucha armada y un generoso programa social le hicieron ganar la simpatía de los habitantes, hartos de la ocupación israelí y la corrupción del hegemónico Al Fatah. Este proceso gradual, junto al aumento de la religiosidad en la sociedad, sembró la cosecha electoral que sorprendió a propios y, sobre todo, extraños.
Dos recientes fechas han marcado el destino de Hamas y del pueblo palestino. El 25 de enero del 2006, al arrasar en los comicios, y el 15 de junio de 2007, al completar el dominio por las armas de Gaza. Al Fatah fue sorprendido políticamente en el primer caso y militarmente en el segundo. Como respuesta, un asfixiante bloqueo israelí de Gaza y una profunda división interna.
Sufian Abu Zaida, dirigente de Al Fatah exiliado en Ramala, aseguró: «He pasado 12 años en la cárcel israelí y ahora no puedo volver a mi casa en Gaza debido a Hamas». Según él, «no habrá reconciliación mientras Hamas siga educando para matar. Por ejemplo, les dicen a los niños que si me asesinan irán al paraíso». El portavoz de Hamas, Fawzi Barhum, respondió: «Nuestro único enemigo es Israel. Al Fatah pecó de corrupción y ahora lo paga. Pese a que no evitan el bloqueo, seguiremos buscando la unidad».


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