6 de julio 2010 - 00:00

Un no demasiado alegre 4 de julio

Un no demasiado  alegre 4 de julio
 A grandes bajas, grandes subas. Así reza uno de los dichos más conocidos de Wall Street, que si se nos permite, siempre pensamos que era el último refugio de los alcistas y bajistas (cuando golpeados por la realidad, ya no les queda ningún argumento para justificar su posición).

Durante los últimos 90 años, las acciones -medidas por el S&P500- tuvieron bajas trimestrales mayores al 5% unas 41 veces, que fueron seguidas casi siempre por un período de suba. ¿Qué significa casi siempre? Veintinueve veces. Dejando el contexto totalmente a un lado, las estadísticas dicen que una de cada siete veces el mercado bursátil se recupera rápidamente luego de una baja como la que acabamos de experimentar. La decisión es suya: sin tomar en cuenta la realidad actual, ¿le alcanza una chance de siete a tres -es decir, 2,33 a 1- para tomar posiciones de riesgo, o necesita que los números estén algo más a favor?

En los pocos días que van de julio, es evidente que los inversores no están demasiado convencidos de jugarse sólo por las estadísticas, y que la corriente patriótica que suele verse en estos días brilla por su ausencia.

Si bien ayer el mercado norteamericano permaneció cerrado en conmemoración del 4 de julio, ni lo acumulado hasta aquí, ni lo sucedido en la mayoría de las plazas que per-manecieron abiertas (las acciones europeas marcaron su quinta rueda consecutiva de baja, algo que no veíamos hace casi un año) hablan de una gran apuesta en favor de la suba de las acciones.

Como siempre decimos, esto puede -y habrá de- cambiar de un momento a otro. Lamentablemente, no tenemos ni la más mínima idea de cuándo puede ser ese momento.

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