El exjefe del equipo republicano había sido convocado para evitarle al magnate sorpresas en la Convención del partido, la que lo terminó consagrando como candidato presidencial.
El fiscal especial Robert Mueller.
Washington - El abogado Paul Manafort, exjefe de campaña electoral de Donald Trump y quien fue acusado formalmente ayer por conspiración y lavado de dinero, es un experto en lobby y un estratega que siempre actuó en las sombras.
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Las relaciones de Manafort con el poder comenzaron en 1970, cuando actuó como asesor del presidente Gerald Ford. Una década más tarde se desempeñó como estratega y asesor de Ronald Reagan en la Casa Blanca.
Sin embargo, a partir de ese punto Manafort se llevó su agenda de contactos a la iniciativa privada y pasó a defender en Washington los intereses de líderes y dirigentes extranjeros deseosos de tener contactos en la capital estadounidense.
Esa lista de clientes incluyó el entonces dictador filipino Ferdinand Marcos, el somalí Mohamed Siad Barre, el guerrillero ultraderechista angoleño Jonas Savimbi y, más recientemente, el presidente de Ucrania Víktor Yanukóvich.
Fueron sus contactos con Ucrania los que dejaron a Manafort en el centro de la atención del fiscal especial Robert Mueller, quien investiga la alegada colusión de la campaña de Trump con Rusia en la carrera presidencial de 2016. Mueller acusó ayer a Manafort de doce cargos, incluyendo "conspiración contra Estados Unidos", lavado de dinero proveniente de Ucrania y falso testimonio ante agentes del FBI (policía federal).
A partir de 2014, después que Yanukóvich se asiló en Rusia, Manafort perdió un cliente importante, y por ello decidió volver a actuar en la política interna estadounidense, impulsado por un viejo asociado, el controvertido Roger Stone, quien luego lo convenció de sumarse a la campaña de Trump.
En junio del año pasado, Trump había literalmente pulverizado a sus adversarios dentro del Partido Republicano y se encaminaba a una espectacular victoria en las primarias para decidir el candidato presidencial. Sin embargo, el comité de campaña de Trump percibió la posibilidad de una alianza de última hora entre sus adversarios en la Convención Nacional del partido y decidió reorganizar su equipo para evitar una sorpresa. Por ello, desalojó de la conducción de la campaña a Corey Lewandowski (un expolicía sin ninguna experiencia política) y nombró a Manafort, con la tarea de garantizar que la votación republicana sellara la candidatura de Trump.
No obstante, los lazos con Ucrania (y los pagos millonarios) se tornaron públicos y ya en agosto de 2016 Manafort fue literalmente forzado a dar un paso al costado.
El veterano estratega conservador renunció el 19 de ese mes recibió a modo de despedida un elogio del entonces candidato presidencial: "Paul es un verdadero profesional y le deseo un gran éxito".
Sin embargo, en marzo de este año, cuando las investigaciones de Mueller comenzaron a concentrarse en Manafort, la Casa Blanca comenzó a marcar distancia de él. "Jugó un papel muy limitado en un tiempo muy limitado", dijo en ese momento el entonces vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer.
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