22 de abril 2014 - 00:00

Un pacto que esquiva, por ahora, la “pata peronista”

Ricardo Alfonsín, Carlos Chacho Álvarez y Roberto Lavagna
Ricardo Alfonsín, Carlos Chacho Álvarez y Roberto Lavagna
Hay que rasguñar en el pasado lejano de Pino Solanas o en las simpatías ochentistas de Luis Juez para encontrar una pizca de peronismo dentro del frente UNEN que esta tarde, con pretensiones de sentarse en el poder en 2015, presentarán varias versiones de la progresía criolla.

Es un abanico diverso que zigzaguea entre Ernesto Sanz y Victoria Donda y donde confluyen múltiples tribus de origen en la UCR -el GEN, el carriosismo, los radicalismos silvestres-, el socialismo anti-K postunidad de 2002 y expresiones de la izquierda que alguna vez coquetearon -o fueron parte- del kirchnerismo de Néstor.

El panradicalismo de UNEN se jacta de no contar con una pata peronista como un sello de pureza anti-PJ, una especie de marca de agua que lo presente como la única opción no peronista de las cuatro que, por ahora, asoman en el horizonte de la presidencial 2015: el kirchnerismo, el massismo, el PRO y UNEN.

Salvo el club que se relanza hoy, los otros son pejotistas o, como el macrismo, tienen pedazos de su estructura provenientes del PJ. La ausencia de peronismo explícito -no lo son, en el sentido clásico, ni Solanas ni Juez- es un rasgo que distingue al espacio UNEN de la Alianza UCR-Frepaso que gestaron en 1997 Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Álvarez.

El radicalismo que hoy se amontona en UNEN carece de la unicidad de aquél que, aun tras el descascaramiento que sufrió su imagen a raíz del pacto de Olivos con Carlos Menem, reconocía a Alfonsín como ordenador. Como una ironía, los devaneos en torno de un posible acuerdo con el PRO son la puerta más próxima para que UNEN adquiera, en términos formales, una pata peronista.

"Sería un error renegar del peronismo o plantear esto como peronismo-antiperonismo. En un balotaje vamos a necesitar del voto de cierto peronismo K" interpretó, anoche, un dirigente de UNEN. Con enfoque diferente, otro referente lo atribuyó a un proceso de decantación. "Más adelante puede aparecer -dijo-, pero mientras tanto nos sirve ser la única opción no peronista porque nos distingue de otros opositores".

Peronizaciones


La Alianza tuvo a Chacho Álvarez y hasta el ARI de Elisa Carrió tuvo, en su momento de esplendor, una pata peronista . A principios de la década pasada, el carriosismo tuvo a Juan Carlos "Canca" Dante Gullo como su delegado PJ y, más adelante, le tocó a Gerardo Comte Grand. El radicalismo llevó al paroxismo ese formato cuando, en 2007, formó UNA y llevó como candidato a presidente a Roberto Lavagna -el candidato a vice fue Gerardo Morales-, un peronista "de biblioteca" que fue funcionario de Alfonsín y de la Alianza.

Hay otra razón -quizá la fundamental- por la cual no hay, todavía, una pata peronista en UNEN: a pesar de su crisis y dispersión, el peronismo tiene varias opciones para proyectar 2015 por lo cual no necesita constituirse en socio menor.

De hecho, tanto Sergio Massa como Daniel Scioli, Sergio Urribarri o Florencio Randazzo -por citar tres ofertas del dispositivo K-, o incluso Macri, aunque suele renegar del peronismo, constituyen alternativas más tentadoras y amigables que integrarse, como kelpers, a UNEN.

De hecho, esas tres galaxias políticas pujan en busca de porciones del radicalismo. Massa, porque entiende que es la piedra filosofal que lo puede distinguir del peronismo clásico. Macri, a su vez, apuesta a un megafrente anti-K que lo enlace con el radicalismo. El kirchnerismo, luego del intento fallido de la transversalidad, se limita a retener los fragmentos institucionales de aquella sociedad.

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