31 de marzo 2009 - 00:00

Un paso oriental contra la influencia del dólar

Cada vez que la crisis económica global provoca torsiones dolorosas en los principales mercados financieros del mundo, la reacción de los inversores en pánico es refugiarse en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Una verdadera paradoja, toda vez que ese país es el epicentro de la actual encrucijada y que la variedad y masividad de sus planes de rescate abre un gran margen de duda sobre la solidez de sus finanzas a mediano plazo. ¿Con qué inflación emergerá Estados Unidos de la crisis? ¿Cuánto terminarán valiendo en realidad los activos en dólares que fueron vistos como refugio en lo peor de la tormenta?
Esta reacción en manada -al menos curiosa, posiblemente irracional, si se otea el largo plazo- es el terreno fértil en el que puede fundarse un nuevo orden financiero
internacional que, por el momento, sólo es posible entrever. En ese sentido, la ausencia de la moneda de China, el yuan, como una de las divisas de referencia para el mundo señala otra anomalía que seguramente terminará más temprano que tarde por ser revertida, habida cuenta del vigor del crecimiento de ese país y de su posición protagónica en el comercio internacional.
Éste es el marco en el que hay que interpretar el anuncio de ayer sobre el «swap» o intercambio de pesos por yuanes, equivalente a u$s 10.000 millones, entre la Argentina y China. A través de éste, y de otros acuerdos similares firmados y aún por firmar con otros países, el gigante asiático busca, junto con otras herramientas, comenzar a posicionar a su moneda al nivel del dólar, el euro, el yen y la libra, superando un enanismo monetario que no se condice ya con su poderío económico y con su condición de principal importador mundial de numerosos renglones de materias primas.
Objetivo
China ya había cerrado acuerdos de «swap» similares por un monto total equivalente a casi u$s 100.000 millones con Corea del Sur, Malasia, Indonesia, Hong Kong y Bielorrusia. En lo que hace al contexto asiático, apunta a ir posicionando al yuan como la moneda predominante en esa región, en detrimento del dólar y del yen.
A pesar de la crisis, China puede darse esos lujos. El Banco del Pueblo -su banco central- es el cuarto más poderoso del mundo, con reservas totales por más de 2 billones de dólares. De ese total, unos u$s 740.000 millones están colocados en bonos del Tesoro norteamericano, y la preocupación por el futuro del dólar llevó hace pocos días al titular de la autoridad monetaria, Zhou Xiaochuan, a proponer la creación de una unidad de reserva internacional sobre la base de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI. Una propuesta que, se sabía, nacía muerta -de hecho, su aplicación instantánea sería un verdadero disparo en el pie del gigante asiático, que vería súbitamente depreciados sus activos-. Pese al apoyo que ésta cosechó de países como Rusia y Brasil, no será tratada en la cumbre del Grupo de los 20 en Londres, pero su sola enunciación da cuenta de las intenciones de Pekín.

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