20 de agosto 2012 - 00:00

Un raro mundo de policías, periodistas y fans

Londres - La aparición pública de Julian Assange en el balcón de la embajada de Ecuador en Londres, donde lleva dos meses recluido, se convirtió ayer en un espectáculo mediático retransmitido en directo por televisión y con centenares de fans entusiastas esperando a su ídolo.

«We are not a British Colony!» (¡No somos una colonia británica!) gritaban con marcado acento español un grupo de una decena de ecuatorianos apostados frente a la embajada, enarbolando la bandera de un improvisado «Movimiento Ecuador Reino Unido» y mostrando un retrato de Assange junto a los colores de su país.

«Venimos a apoyar al señor Julián y al presidente (Rafael) Correa. Personalmente creo que Ecuador hizo una buena elección», explicó Patricia, una joven ecuatoriana.

«¡Mire, mire esto... todos estamos con él!», decía señalando a sus compañeros, todos ellos ecuatorianos que viven en el Reino Unido.

«En Ecuador es igual, y no sólo en Ecuador, también en Colombia, Bolivia, Perú, Argentina, toda Sudamérica, toda América Latina. No es un país, somos todos, unidos», explicaba mientras sus compañeros seguían gritando «Free Assange!» (¡Liberen a Assange!)

El australiano de 41 años es consciente de la dimensión internacional de su caso y en su breve discurso desde el balcón no olvidó dar las gracias a varios países de América Latina mientras sus seguidores saludaban con vítores la mención de cada uno de ellos.

Assange, un «ciberguerrero» de la libertad de expresión que se convirtió en pesadilla de Washington con la difusión de cientos de miles de documentos secretos sobre las guerras de Irak y de Afganistán, ha sabido reunir a su alrededor a manifestantes de todo tipo de movimientos.

Prueba de ello era la variedad de personas que esperaban ayer su ansiada aparición, entre las que había hombres y mujeres de todas las edades, algunos con camisetas que pedían la liberación de las Pussy Riot o con máscaras del movimiento Anonymous.

Pero la aparición pública del australiano fue también un evento mediático, con centenares de periodistas armados de cámaras, tabletas electrónicas y teléfonos móviles apuntando hacia el balcón, centro de todas las miradas.

El sonido continuo de un helicóptero daba un aire todavía más irreal al ambiente de esta calle normalmente tranquila del elegante barrio de Knighstbridge, igual que la presencia de numerosos policías recordaba a los seguidores de Assange que no estaban en un concierto de rock.

Poco antes de su aparición se leyeron mensajes de apoyo de varias personalidades, como la estilista Vivianne Westwood o el cineasta Ken Loach, mientras que un hombre al micrófono amenizaba la espera con una cuenta regresiva.

Finalmente, tras varias horas de expectación en la que centenares de ojos estuvieron escrutando el más pequeño movimiento en las cortinas del balcón del edificio de ladrillos rojos, Assange apareció al fin, recibido por los gritos de la gente. Su discurso fue breve, apenas diez minutos, pero sus fans se dieron por satisfechos.

«Está haciendo un trabajo extraordinario para la humanidad»
, aseguró Clara, una chilena que vive hace años en el Reino Unido y que acudió junto a su hija y su nieta ante la embajada para apoyar a «Julián».

Al terminar su discurso Assange levantó los dedos en señal de victoria, como un guiño a sus fans para asegurarles que muy pronto volverá, mientras se lanzaron globos de colores al aire y un músico se puso a tocar una gaita, como si se tratara de un final de fiesta.

Agencia AFP

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