Un sheriff con licencia para denigrar

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Phoenix, Estados Unidos - «Vacancy», habitación libre. El letrero de neón que parpadea sobre Tent City, la cárcel de carpas del sheriff del condado arizonano de Maricopa, Joe Arpaio, parece una broma de mal gusto. Pero, más que nada, constituye toda una declaración de intenciones.

«No quiero que ningún jefe de Policía o político me venga a decir: No puedo meterlos en la cárcel porque el sheriff no tiene más espacio», explica Arpaio, quien con su récord de detención de indocumentados y deportaciones -una cuarta parte de las de todo Estados Unidos, asegura- se ha convertido en la pesadilla de los inmigrantes de toda Arizona y buena parte del resto del país.

«Así que mi mensaje es éste: tengo mucho lugar. Acogeré a 2.000 más mañana mismo si es necesario. Tengo espacio, eso no va a servir de excusa», afirma quien gusta llamarse «el sheriff más implacable de Estados Unidos» y que lo demuestra con hechos cada día.

Puede que una juez haya ordenado la congelación de puntos clave de la ley migratoria SB1070 que entró en vigor ayer en Arizona. Pero para Arpaio, uno de sus más férreos defensores, la batalla no está perdida.

Salvo por el hecho de que todavía permanece vacía y que está separada del resto de las carpas de Tent City por una alta valla metálica, la nueva «simpática» sección, como la describe Arpaio, no se diferencia en nada de las demás estructuras de la controvertida cárcel.

Cubiertas apenas por unas lonas de plástico sobre una estructura de hierro, las cinco «carpas» de la nueva sección tienen espacio -por el momento- para 22 prisioneros cada una, que, al igual que los demás residentes forzosos de Tent City, tendrán que hacinarse en estrechos camastros extendidos sobre una plataforma de hormigón.

Que Arpaio está orgulloso de la cárcel que desde su creación en 1993 no ha dejado de ser criticada por grupos de derechos humanos está claro. Incluso permite hacer visitas guiadas por personal de la singular prisión.

La guarda Renée Ansley pasea a los curiosos -en estos días, en su mayoría periodistas- por el recinto de Tent City.

Con temperaturas que en este final de julio rozan de forma constante los 40 grados -»hace mucho calor en el desierto», ironiza Arpaio-, la mayoría de los presos apenas tienen fuerzas más que para permanecer tirados sobre su camastro o buscar una de las escasas sombras del recinto cubierto de una grava que dificulta su paso, al colárseles entre sus sandalias de plástico.

Muchos se han quitado la camisa a rayas grises y blancas, a la vieja usanza y con el lema «preso del sheriff» a la espalda que constituye el uniforme reglamentario de Tent City.

Por el borde del pantalón les sobresale el calzoncillo rosa también obligatorio, a juego con los medias y toallas del mismo color que recibe cada preso que entra en esta cárcel, todos ellos con condenas a un máximo de un año de cárcel por delitos menores.

¿Una humillación más? En la cárcel se asegura que no. El uniforme a rayas «al viejo estilo» fue idea del propio Arpaio. Además de servir para identificar el material propio de la prisión, la ropa interior rosa fue escogida por el efecto «tranquilizador» que se dice tiene ese color. Y a que «causa gracia», sonríe Ansley.

A César Tovar, un inmigrante indocumentado mexicano que cumple su sentencia en la zona común de Tent City, lo de la vestimenta es, la verdad, lo que menos le importa. «En lo personal no me molesta; es la ropa que dan», dice encogiéndose de hombros. Comparte «carpa» con otros inmigrantes indocumentados que se quejan de lo «demasiado caliente» que está la cárcel bajo un sol que no perdona y que, a pesar de que ansían salir de ella, miran con aprensión ese momento, conscientes de que les espera la deportación o su transferencia a manos de «la migra».

El temido sheriff ya ha dejado claro que no tiene intención de cambiar su forma de actuar. «Vamos a continuar con nuestras operaciones, nada cambiará en nuestra lucha contra la inmigración ilegal», proclamó tras la suspensión de la SB1070.

Agencia DPA

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